viernes, 16 de abril de 2021

010 FUBAR (I)

 

FUBAR: (del inglés, F.U.B.A.R. o fubar).

                1. Siglas de "Fucked up beyond all recognition (or repair)".

                2. Severamente dañado, desastroso.

 

El  centurión garmoga saltó hacia ella, con su brazo izquierdo moldeándose en una suerte de cuchilla recubierta de tendones de cableado metálico.

Avra Aster respondió bloqueando con su espada y vomitando una diatriba de juramentos y expresiones referentes a reconfiguraciones anatómicas harto incómodas que no pueden reproducirse aquí en deferencia a la sensibilidad de los lectores.

Si entendió alguna de sus palabras, el garmoga antropomórfico no hizo indicación alguna de ello. Mutando también su brazo derecho en algo que solo podría ser descrito como un taladro recubierto de hojas de afeitar, el ser procedió a continuar su ataque. Avra desvió el golpe, retrocediendo unos pocos metros de un salto para acto seguido catapultarse hacia adelante con su pierna extendida.

La patada arrojó al centurión garmoga a decenas de metros por el aire, incrustándose contra la fachada de uno de los edificios cercanos.

Esto no es normal, pensó Avra, Las lecturas del ZiZ indicaban que esta infestación aún estaba a punto de entrar en la segunda fase y estos cabrones solo suelen hacer acto de presencia de la tercera en adelante.

Oyó un ruido a sus espaldas. Esquivando los puntos del suelo aún en llamas, otra oleada de los drones garmoga aracnoides corría hacía ella. Avra sonrió y se giró propinando un corte horizontal con su espadón.

La hoja azulada cristalina se expandió, alargándose decenas de metros y profiriendo un enorme arco cortante que sesgó al numeroso grupo de engendros que intentaba abrumarla.

Por desgracia, eso dejó una apertura al centurión. Saltando desde el hueco en que su figura mutable se había encajado, el ser prácticamente voló en línea horizontal directa hacia Avra. En vez de cuchillas o armas cortantes, sus brazos de moldearon esta vez en enormes bloques cilíndricos.

Avra había comenzando a girarse en cuanto sintió el ataque, pero no pudo pararlo a tiempo. El garmoga la impactó y esta vez fue ella quien salió despedida por los aires. Durande, su espada, se cayó de sus manos y sin un contacto directo se disgregó en partículas de luz azulada.

En el momento en que chocó contra el suelo, Avra golpeó con un puño contra la superficie. La fuerza del impacto dejó un pequeño cráter y la impulsó hacia arriba en el aire. Giró sobre sí misma para esta vez caer sobre sus pies, justo a tiempo para esquivar otro golpe del centurión.

"Eres un cabronazo persistente, ¿eh?"

Avra propinó una serie de golpes encadenados tan rápida que el garmoga no tuvo tiempo de reaccionar. Con un último choque de su palma sobre el torso del engendro, la Rider Blue lo lanzó directo a una de las zonas aún cubiertas por las llamas de Tempestas.

Cuando las llamas azules lo envolvieron y empezaron a consumir su forma, el centurión garmoga comenzó a retorcerse sobre sí mismo y a emitir un chirrido metálico que sonaba, de forma perturbadora, muy similar al de un recién nacido. Sus últimos instantes se saldaron con lo que quedaba de su torso inflándose de forma grotesca y reventando en una pequeña explosión de gas y llamas.

"Por si a alguien le interesa", dijo Avra estableciendo comunicación con los demás, "Acabo de tener un encontronazo con un centurión garmoga."

"Eso es imposible", respondió la voz de Athea, "El ZiZ indicaba que..."

"El ZiZ puede besar mi blindado trasero azul, acabo de cargarme a un centurión garmoga, así que supongo que tan imposible no puede ser", replicó Avra.

"Creo que Avra ha dado con algo", añadió Armyos, "Desde mi posición..."

Avra no cortó la comunicación, pero dejó de prestar atención a las palabras de su hermano cuando sus sentidos volvieron a gritar alarmados.

Un sonido sordo a su derecha. De entre la masa garmoga que de nuevo volvía a intentar acercarse a ella, otros dos centuriones emergieron saltando hasta situarse frente a la Rider Blue. Las dos criaturas tenían sus ojos ciclópeos fijos en ella al tiempo que mutaban sus extremidades en armas. El más cercano formó una boca grotesca en la parte inferior de su por otra parte inexistente rostro, una apertura demasiado ancha con dientes como agujas. Emitió un chirrido que podría ser un desafío.

El resto de la marea garmoga corría también hacia ella. Avra pudo ver sus intenciones claras: los dos centuriones asaltándola al tiempo que el enjambre la abrumaba y cortaba su capacidad de contraataque con un ataque masivo.

Avra sonrió.

Con un rugido, Tempestas descendió desde lo alto. Siguiendo las instrucciones obtenidas a través de su lazo mental con la Rider, el Dhar Komai trazó un anillo de fuego brillante como un zafiro que la rodeó junto con los dos centuriones al tiempo que mantuvo a raya al resto de la horda garmoga.

Avra entrechocó sus puños, e hizo crujir sus dedos. Decidió no usar su espada. Aquello sería más satisfactorio con sus manos.

"Muy bien, hijos de una purulenta aberración cósmica sifilítica... ¿Cuál quiere ser el primero en terminar con su cabeza metida por el culo?"

 

******

 

"Creo que Avra ha dado con algo", dijo Armyos, "Desde mi posición puedo ver a unos pocos centuriones entre el enjambre."

Era extraño y preocupante.

En aquellos instantes, el grupo de supervivientes que había auxiliado se encontraba ascendiendo a una lanzadera de evacuación de un punto de lanzamiento cercano que había respondido a su llamada de socorro.

Algunos habían querido expresar su agradecimiento al Rider Orange de forma más efusiva, pero no había tiempo para poco más que un breve intercambio de palabras.

La horda garmoga, a pesar del daño recibido unos minutos antes por la vistosa llegada de Armyos, parecía haberse recuperado con una rapidez inquietante. Los drones ascendían trepando por las fachadas del edificio cada vez con mayor rapidez. Armyos daba buena cuenta de los que llegaban a la azotea, cubriendo la huida. Por fortuna, Volvaugr no parecía tener problema manteniendo los cielos despejados.

Al tiempo que las puertas de la lanzadera se cerraban tras el último evacuado, dos  centuriones garmoga hicieron acto de presencia frente a Armyos.

Sin proferir palabra alguna y centrando su atención totalmente en el enemigo, Armyos saltó al frente enarbolando su martillo Mjolnija. A pesar de su enorme tamaño, el golpe fue tan rápido como poderoso e impactó de forma directa en el primero de los centuriones. El impacto prácticamente arrancó de cuajo el torso de la criatura arrojándolo por los aires y dejando tras de sí un par de piernas temblorosas rezumantes de un liquido negruzco que podría ser el equivalente a sangre de los engendros biomecánicos.

Aprovechando aún la fuerza del impulso, Armyos volteó sobre sí mismo y se dispuso a golpear al segundo centurión. Pero el ser vio venir el ataque esta vez y, quizá como una mera emulación de su oponente o quizá un intento de burla, respondió esquivando el golpe dando un paso atrás antes de lanzarse adelante deformando su brazo a imitación de un martillo de guerra, intentando golpear a Armyos.

Armyos detuvo el golpe en seco, agarrándolo con su mano. Pudo sentir la fuerza del impacto hasta sus huesos aún a pesar de la armadura. La parte inferior de la cabeza del garmoga se desencajo como una mandíbula segmentada y el ser gritó.

Armyos se percató de que el garmoga no le gritaba a él sino a alguien tras él. Armyos giró levemente la cabeza y pudo ver a un tercer centurión trepar hasta la azotea y correr hacia la lanzadera que había iniciado el despegue.

Armyos tiró del brazo del centurión que había agarrado atrayendo al garmoga antropomórfico hacia sí, propinándole un cabezazo con tal fuerza que la cabeza del ser reventó al tiempo que su cuerpo caía de lleno contra el suelo de la azotea. Su brazo, desgarrado, aún sujeto por Armyos.

El Rider Orange dejó caer los restos y se volvió contra el tercer centurión.

El ser había saltado y surcaba el aire en dirección a la lanzadera, que había comenzando a maniobrar para esquivarlo. Pero estaba claro que no sería suficiente. Armyos era rápido pero no tanto como sus hermanas y sabía que no llegaría a tiempo si corría para interceptar al garmoga. Podría lanzar su martillo, pero la fuerza del impacto también podía poner en peligro al vehículo.

A través de su lazo con Volvaugr, Armyos pudo sentir al Dhar descendiendo a aquella posición, pero no llegaría a tiempo y para entonces el centurión ya habría atravesado el fuselaje.

Armyos maldijo.

Entonces, con un silbido explosivo al romper la barrera del sonido, cinco flechas negras se clavaron en el centurión garmoga. El ser cayó al suelo varias decenas de metros más abajo, con su cuerpo desintegrándose.

La lanzadera de evacuación finalmente se alejó, acelerando y ascendiendo a los cielos al tiempo que Volvaugr llegaba, dando cuenta con su aliento eléctrico de drones del enjambre que aún revoloteaban por la zona.

En el aire justo sobre el edificio, el Dhar Komai conocido como Sarkha flotaba manteniendo una posición estática apenas ondeando sus alas. De pie sobre su lomo, con un arco de oscuridad en sus manos, se encontraba Athea Aster. Rider Black.

"Parecía que necesitabas que te echasen una mano."

Armyos asintió, suspirando de alivio, aunque no tardó en fruncir el ceño al observar la situación.

El enjambre seguía reagrupándose a sus pies y la presencia de los centuriones planteaba muchos interrogantes. Esperaba que Avra estuviese bien lidiando con los que había encontrado. No estaba lejos así que quizá sería buena idea ir con Athea a reforzar su posición mientras los Dhars terminaban de purgar aquella zona.

El alivio era algo temporal y un lujo que aún no se podían permitir.

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