domingo, 23 de octubre de 2022

090 DÍA PRIMERO (IV)

 

Una Reina no debería mancharse las manos salvo que fuese absolutamente necesario.

Por ello Keket observaba desde una cómoda posición en órbita en torno al planeta conocido como Avarra, sin intervenir. En pie sobre la cúspide de su pirámide principal, disfrutaba del espectáculo que sus retoños le brindaban al lidiar con la flota del Concilio como si esta fuese un amasijo de frágil papel.

Ya dentro de la atmósfera  de Avarra, la segunda pirámide que sus esquirlas había construido en tiempo record se había tornado en un obstáculo para la flota conciliar. Si bien su presencia limitaba su impacto a un área específica del planeta, el alcance de sus ataques mantenía a raya a las flotillas de fragatas y destructores, dificultando la llegada de tropas a la superficie cerca de los puntos en que sus esquirlas si habían tomado tierra.

Esto forzaba al descenso de tropas del Concilio en áreas más distantes o directamente en el otro lado del planeta para luego proceder un largo traslado por tierra-aire.

Y mientras tanto sus esquirlas medraban en número. Podía sentir las voces de los recién llegados al Canto. La desorientación y violencia irracional inicial no tardaba en desaparecer (normalmente tras garantizar que otros recibieran su misma bendición) y ya solo quedaba una nueva Esquirla llena de alegría y agradecimiento por haber dejado atrás su condición de mera carne.

Y a la par que sus esquirlas crecían en número y tomaban el control, también buscaban.

Keket acarició con una mano temblorosa su corona quebrada. Una sonrisa de anticipación iluminó su rostro y por un instante la amarga frialdad de sus hermosos rasgos se suavizó. Cuando consiguiera encontrar su fragmento, cuando volviese a estar completa…

Su poder tardaría en crecer de nuevo a sus niveles originales, pues la herida aún tendría que sanar. Pero calculaba que actos que requerían un notable esfuerzo ahora se tornarían mucho más sencillos, permitiendo ganar tiempo hasta la completa regeneración de sus fuerzas. Para entonces esperaba haber tomado un puñado más de mundos, asentando la base para la reconstrucción de su viejo imperio. Con ello garantizaría contar con las tropas suficientes para purgar el resto de la galaxia, eliminar a esos garmoga, y finalmente podría…

Los pensamientos de Keket se interrumpieron de golpe. Su rostro se paralizó en un rictus de horror y dolor, un grito silencioso escapó de sus labios en la negrura del espacio.

Sintió como si el más afilado puñal atravesase su mente al mismo tiempo que una fuerza sobrehumana golpeaba su estómago. Su cuerpo tembló, y si hubiese estado en la superficie de Avarra y sometida a los caprichos de la gravedad la Reina de la Corona de Cristal Roto habría caído sobre sus rodillas emitiendo jadeos de pánica.

Sus esquirlas… tantas esquirlas…

Muertas.

Lo sintió a través del Canto. Sus gritos de pánico y dolor. No fue como en su mundo natal… cuando los garmoga devoraron a los pacíficos crisoles descendientes de sus esquirlas originales ella había dormido durante gran parte del ataque hasta que la sangre derramada de su pueblo la  despertó.

Allí el Canto estaba en silencio, quedando solo los ecos de loa moribundos. No había dolor, solo pesadumbre y luego ira. Pero esto…

Lo que sintió fue a millones de sus esquirlas estacionadas en C-606 apagarse de golpe, asustadas. Que la gran mayoría de ellas fuesen prácticamente recién nacidas o de muy pocos días de existencia acrecentaba el horror. Voces jóvenes y puras que apenas habían comenzado a contribuir a la gloria del Canto habían sido silenciadas de forma violenta y abrupta.

El eco de lo sucedido no solo la golpeó a ella… Sus tropas en Avarra parecían haber frenado de golpe por unos instantes. Los suficientes para que las naves del Concilio pudiesen conseguir ganar terreno y situar a sus fuerzas más cerca de los puntos de invasión, frenando el avance que hasta ese momento había sido imparable. Hasta la gran pirámide de ataque parecía haber aquejado aquella sobrecarga espiritual, y por unos minutos fue como un enorme blanco inmóvil, sin respuesta a los ataques enemigos. Era algo inaceptable.

Keket recuperó el pleno control sobre sus sentidos y estiró su agarrotado cuerpo. Una expresión de desencajada sorpresa seguía en su rostro.

¿Qué ha sido eso?, pensó, Todos a un tiempo, ¿cómo han…?

La Reina se concentró. Apartó su atención directa sobre Avarra y la tornó en sí misma, en su esencia más interna, en los ecos del Canto que resonaban en todo su ser. Y buscó respuestas.

Ecos de recuerdos y percepciones llegaron a ella como los fantasmas de los millones de voces acalladas. Vio llamas. Vio un mundo de azabache tornado en un mar de fuego multicolor.

Antes, los vio salir del hiperespacio, esquivando un ataque a duras penas, lidiando con las esquirlas más valientes que intentaron hacerles frente en torno a la órbita de aquel mundo, su primera conquista real tras despertar.

Esquirlas que cayeron ante el fuego de bestias draconianas.

Keket sintió una ola de irritabilidad aflorar ante la imagen. Los Riders, esos jóvenes facsímiles de los antiguos Rangers en los que Amur-Ra parecía tener tanta fe. Era imposible que esos advenedizos fuesen responsables de…

Luz. Destrucción.

La Reina fue golpeada de nuevo por la misma corriente de pánico y dolor intensos de sus súbditos muertos antes de que este se apagase de golpe. En esta ocasión pudo controlar mejor la inyección de emociones y ordenar las percepciones recibidas antes del silencio final. En esta ocasión pudo ver, y lo que vio supuso una sorpresa desagradable.

Han… han… el planeta… todo ello… pero los Rangers nunca… ¿Cómo es posible?

Keket comprendió enseguida el giro de la situación. Sus esquirlas habían asumido un modus operandi para los Riders que bebía de sus experiencias pasadas con los Rangers. Obviamente, esa había sido una aproximación errónea.

Los Rangers nunca habrían destruido un planeta.

Era algo anatema para ellos, inconcebible. Los Rangers siempre habrían intentando salvar el planeta, limpiarlo de enemigos. Aún cuando no hubiese una esperanza real y toda la esfera fuese ya un mundo crisol para sus esquirlas, los Rangers tenían la costumbre de bajar a la superficie a combatir, ya fuese cuerpo a cuerpo o haciendo uso de algunos de sus prodigiosos vehículos de combate.

A menudo fracasaban y los más pragmáticos se retiraban, pero fueron también muchos los que murieron en un intento de hacer posible lo imposible.

Pero los Rangers nunca destruirían un planeta. Aún estado éste poseído y mutado por fuerzas enemigas y sin inocentes vivos a los que proteger. En los días antiguos ello había permitido crecer al imperio de Keket. Una vez tomado un mundo, era suyo sin discusión. Tuvieron que ir directamente a por ella para frenarla.

Pero parecía que los Riders jugaban con otras reglas.

Keket intentó recuperar los vagos recuerdos e impresiones que había obtenido de los garmoga a los que había matado. No pudo conseguir nada en claro en sus retorcidos ecos sobre los Riders más allá de una vaga impresión psíquica de miedo primario.

Lo único de lo que ella estaba segura ahora mismo es que quizá los Riders se mereciesen una reevaluación.

Si estaban dispuestos a sacrificar mundos para frenarla, si tenían el poder para eliminar un planeta entero de aquel modo… puede ser que los hubiera subestimado.

Frunciendo el ceño, Keket plantó su mirada sobre el mundo de Avarra. No era momento para la mera contemplación. Con un impulso, la Reina de la Corona de Cristal Roto se lanzó contra el planeta. Buscaría ella misma la pieza de su corona, y cuando llegase el momento sería ella quien hiciese frente a los Riders.

Una Reina no debería mancharse las manos salvo que fuese absolutamente necesario.

 

******

 

“¿Estamos todos bien?”

La voz de Alma Aster resonó a través del lazo psíquico que unía a los Riders y a sus Dhar Komai.

Mientras esperaba una respuesta, los ojos esmeraldas de la Rider Red sentada de nuevo sobre la cabeza de su Dhar, Solarys, recorrieron el espacio vacío donde apenas treinta minutos antes se había situado un mundo.

Menudo desastre, pensó con amargura, Seguramente el Mando vea esto como una victoria, pero si la única forma de salvar la galaxia consiste en destruir parte de ella… que desperdicio.

La onda de poder desatado en la destrucción de C-606 se había propagado por todo el pequeño sistema solar. La estrella apenas había sufrido cambios, pero otros de los mundos en órbita habían visto sus trayectorias ligeramente alteradas y sus ejes sufriendo cambios en su inclinación y rotación.

Algunos asteroides con órbitas semirregulares en torno al sistema se habían visto desplazados y expulsados del mismo.

Por su parte, la fuerza del impacto de la energía desatada no dañó a los Dhars ni a sus jinetes, pero pese a haber tomado distancia para evitar un contacto directo, la descarga de poder bastó para noquear a los Riders y a sus monturas durante unos minutos.

“Yo me siento como si me hubiesen atropellado, y Tempestas casi igual”, dijo Avra Aster. La voz de la Rider Blue sonaba casi como un murmullo.

“El esfuerzo de canalizar todo ese poder combinado con la explosión ha sido un esfuerzo considerable para los Dhars”, añadió la voz de Armyos, “Y a nosotros nos ha dado de lleno la retroalimentación psíquica. Físicamente deberíamos estar bien, aunque me temo que nuestros dragones van a necesitar algo de reposo.”

“Si, Adavante está despierto pero parece que le pesan los parpados”, interrumpió Antos Aster.

“Yo he tenido que imbuir un poco de mi propia energía en Sarkha a través del lazo”, dijo Athea, “Ejercicios de fuerza bruta como ese son demasiado para él, no creo que podamos volar hasta al menos pasada una hora.”

“¿Dónde estáis situados?”, preguntó Alma, “Solarys ya puede desplazarse, aunque con lentitud. No me gusta la idea de que estéis flotando a solas a la deriva.”

“Agradezco la oferta para tener compañía mientras mi Dhar se recupera”, respondió Athea, “Pero aunque ya pueda moverse Solarys también debería reposar, o de lo contrario podría afectar a su rendimiento en las próximas horas.”

En ese preciso instante, un leve chasquido  alertó a la Rider Red de un contacto por radio a través de los sensores de su casco. Dicho contacto se extendió automáticamente al resto de Riders al responder.

“Rider Red presente”, dijo.

“Ahórrate las formalidades, Alma”, respondió la cansada voz del director Ziras, “¿Cuál es la situación en vuestro lado?”

“Controlada señor, enemigo eliminado, aunque hemos tenido que recurrir a una detonación planetaria global para ello.”

“Oh, mierda… al menos no era un mundo habitado ¿no?”

“No había registros de formas de vida sapientes”, dijo Armyos, “Y cualquier otra forma de vida ya había sido consumida.”

“Sigh… al menos tenemos las espaldas bien cubiertas para el informe. Eso y el hecho de que habéis tenido éxito…”

Alma notó el cansancio en la voz del director de los Rider Corps, “¿Cuál es la situación en Avarra?”, preguntó.

“El almirantazgo y la cancillería insisten en que tienen todo bajo control y dentro de las proyecciones esperadas”, respondió Ziras con un deje de sorna, “Pero los protocolos de evacuación planetaria se han puesto en marcha como si fuese una infestación garmoga de categoría alta. Y todo sugiere que la armada está sufriendo más daño del que inflige… Personalmente, he enviado a algunas de nuestras tropas auxiliares. No creo que puedan hacer mucho más que contención básica hasta que lleguéis allí.”

“Pues vamos a necesitar al menos una o dos horas”, dijo Avra, “Los Dhars han quedado para el arrastre y necesitan una siesta. Y si no están al 100% a saber cuánto tardaremos en llegar.”

“Al menos otro par de horas en el mejor de los casos”, añadió Athea tras hacer unos cálculos. Pese a estar en el mismo cuadrante C-606 y Avarra tenían una distancia considerable entre sí, desde los bordes exteriores hasta el círculo interno de la galaxia.

Aún con los Dhars recuperándose tras dos horas de descanso, aún distarían mucho de estar al mismo nivel que cuando comenzaron el combate. La duración del traslado podría ser… si, incluso en el mejor de los casos llegarían ya al día siguiente, en plena madrugada del hemisferio norte de Avarra.

Se hizo el silencio por unos instantes. En vez de una respuesta inmediata pudieron oír quedas voces y murmullos al otro lado de la señal, como si Ziras estuviese hablando con alguien más a través de otro dispositivo de comunicaciones antes de retomar el contacto con ellos.

“Intentaremos ganar dos horas para vosotros como mínimo”, respondió Ziras, “Acaban de informarme de que la situación en Avarra ha cambiado de nuevo. Keket ha hecho acto de presencia en la superficie…”

“¿Aumento de bajas?”, preguntó Alma.

“No ha atacado a la armada”, respondió Ziras, “Pero entre la población civil pendiente de evacuar y las tropas de auxilio… Aún no hay cifras y temo que va a ser difícil determinarlas. Keket ha convertido la ciudad-capital del planeta en un enorme cráter. Ella sola.”


domingo, 16 de octubre de 2022

089 DÍA PRIMERO (III)

 

El Canto es madre. El Canto es padre. El Canto es todo.

Dichas palabras nunca serían pronunciadas, pero el significado tras ellas marca la existencia y percepción de la realidad de todas y cada una de las Esquirlas de Keket. Tanto aquellas engendradas por ella directamente como aquellas nacidas de los sangrantes pozos de mundos conquistados, y también las más humildes fruto de la asimilación de la carne viviente de otros seres desafortunados que no habían conocido el Canto hasta entonces.

No habían sido pocos entre los enemigos de Keket quienes creían que el Canto era algún tipo de mene colmena, o una suerte de control mental que la Reina de la Corona de Cristal roto ejercía sobre sus criaturas. Pero la realidad no era algo tan crudo y simple como la conclusión de mentes pertenecientes a seres lastrados por las limitaciones de la carne.

El Canto era la voluntad de Keket, su mismo espíritu. Sus Esquirlas son seres individuales, capaces de pensamiento y juicio propios, pero en todos ellos resuena el Canto. Un fragmento de su Reina, un espejo que refleja la esencia de Keket en el interior de todos ellos y los marca como a su pueblo. A su imagen y semejanza, y siempre unidos.

Pues los miembros del Canto jamás estaban solos, unidos en su particular coro en honor a su Majestad. Y a través de él eran conocedores de sus deseos y los deseos y anhelos de todos aquellos que compartían su unión. Y cuantas más Esquirlas confluyesen en un mismo lugar, más poderoso sería el Canto, su influencia y los dones que proveería.

Como en aquel pequeño mundo sin nombre que su Reina había optado tomar como primera guarnición para su nueva campaña de conquista y sagrada retribución. Aquel pedazo de roca de vida sencilla y humilde sería recordado como la cuna de los nuevos guerreros que habrían de traer una nueva mortaja de tinieblas a una galaxia desagradecida, donde las promesas no eran cumplidas.

Por supuesto, antes hubo que limpiar algunos elementos indeseables. La grotesca y artificial estación que orbitaba el planeta y sus tripulantes. Dichos tripulantes fueron asimilados con prontitud, convirtiéndose en voluntariosos trabajadores llenos de alegría al oír el resonar del Canto en sus almas por primera vez. Los retazos de sus antiguas vidas y especies fueron dejados de lado.

Y los amasijos de metal y maquinaria de aquella estación en que trabajaban resultaron ser una bendición encubierta. Una vez los cristales abrazaron su estructura y su función fue determinada, hasta los espiritas de la maquinaría se vieron encandilados por el Canto, pues este no discriminaba la vida de la carne del fantasma del metal, y los siervos de Keket ganaron una portentosa nueva habilidad al aprender a hacer uso de tal nueva adquisición.

El ojo del Iris se vio envuelto en un resplandor carmesí y toda la estación se vio unida con el mundo por un hilo generado por las Esquirlas. En la superficie, la asimilación del planeta se llevó a cabo con prontitud y pronto hubo pozos que vieron el nacimiento de nuevas esquirlas conformadas por la aglomeración de distintas masas de vida inferior.

Sus inteligencias limitadas se vieron enriquecidas por compartir el Canto, y su número creciente fortaleció dicha conexión hasta el punto de que pudieron percibir en sí mismos la capacidad del Iris para observar la lejanía del cosmos.

Sensores creados en su momento para localizar la potencial amenaza de un enjambre garmoga se había unido a los sentidos compartidos de todas las Esquirlas del sistema. Fue de ese modo como consiguieron detectar una fluctuación en el hiperespacio que delataba un grupo de presencias de considerable poder moviéndose en su dirección.

Las defensas fueron preparadas y la antigua lente de vigilancia del Iris se convirtió en un improvisado canalizador de energía, un cañón que disparo una oleada de poder destructivo en el instante exacto en que los intrusos hicieron acto de presencia en el espacio normal.

Y lo esquivaron.

No terminó ahí la irritación para las Esquirlas. Aquellas que se lanzaron al ataque eran aún jóvenes y no consiguieron controlar sus movimientos en la ingravidez orbital. Sus habilidades de teletransporte tampoco marcaron la diferencia pues los enemigos recién llegados y sus bestias parecían capaces de percibir los ataques antes de que ocurriesen.

Y finalmente, antes de que el Iris pudiese lanzar una nueva descarga, uno de aquellos odiosos seres había destruido la estación.

La ira en las Esquirlas de C-606 resonó a través del Canto. Se magnificó cuando los recuerdos apagados y compartidos de su Señora les permitieron identificar a los recién llegados como algo similar a los "rangers", antiguos enemigos que habían intentando frenar a su Reina en su glorioso pasado.

Aún con todo, se sentían confiadas y sabedoras de su superioridad. Aquel mundo era suyo, hasta el último rincón estaba imbuido de la esencia cristalina de su Reina. Si los enemigos pretendían hacerles frente, no tardarían en convertirse en nuevos reclutas en cuanto tocasen la superficie.

 

******

 

"Estoy en lo correcto al asumir que no vamos a poner el pie en ese planeta, ¿verdad?", preguntó Armyos.

"Ni de coña", replicó Antos.

"No", respondió Athea casi al mismo tiempo.

"Nope, ni borracha", remató Avra.

"Ya conocemos el riesgo de un contacto directo con las Esquirlas. Y por lo que ha descrito Athea, toda la superficie del planeta parece compartir las mismas propiedades", explicó Alma.

"Es una suerte que no te detectasen cuando hiciste el reconocimiento", dijo Antos dirigiendo su atención a su hermana de negra armadura.

"Creo que Sarkha voló más rápido de lo que podían percibir sus sentidos", respondió la Rider Black, "Y también estaban distraídos con vosotros aquí arriba."

"¿Cual es el plan entonces, Alma?", preguntó Avra, con un deje de impaciente anhelo en su voz.

"Si toda la superficie del planeta es básicamente una enorme costra de cristal negro... primero intentaremos arrancar la mayor cantidad posible ¿Antos?"

"Mmm, vuelo rasante con los Dhars y descargando energía en flujo constante. Dos de notros en el hemisferio norte, dos en el hemisferio sur y un tercero lidiando con el ecuador. Básicamente envolvemos a todo el planeta en llamas", explicó el Rider Purple.

"Si eso no basta... procederemos a la voladura", añadió Alma, "Puntos equidistantes y fuego al máximo de poder. Un factor de penetración absoluto."

"Eso siempre ha sonado tan mal fuera de contexto..."

"¡Antos!"

"¿Qué? Es la verdad", replicó el Rider Purple.

 

******

 

Aún con la pérdida del Iris, los restos de su esencia en el Canto eran tales que las Esquirlas en la superficie pudieron ver el inicio del ataque. Muchas intentaron levantar defensas, alzando el vuelo desde la superficie. Millones de figuras cristalinas se elevaron dispuestas a recibir a los incautos atacantes que...

Luz. Fuego. Destrucción.

Las voluntades y voces de miles... no, de millones de Esquirlas se apagaron. El enemigo no descendió hasta la superficie pero hizo caer sobre ella un infierno de llamas y poder desatado más caliente que el corazón de un sol.

Los Dhar Komai, siguiendo las indicaciones de sus Riders basadas en la estrategia planteada por Antos, convirtieron la superficie de C-606 en un mar de llamas multicolor.

El fuego azul y purpura bañó el hemisferio sur del planeta después de que Tempestas y Adavante diese cientos de vueltas alrededor a vertiginosas velocidades. En el norte, las llamas carmesí y los fuegos y relámpagos anaranjados de Solarys y Volvaugr bañaron la superficie de cristal negro convirtiéndola en una imagen muy cercana al infierno de múltiples religiones.

Un cinturón de llamas negras como las sombras rodeó el ecuador del planeta. La oscuridad de aquel fuego ofreció un miserable consuelo reconfortante a las Esquirlas consumidas por ella. Sus muertes al menos serían en la comodidad de la tiniebla y no en la odiosa luz. Pero en sus últimos momentos percibieron la luz en el corazón de aquella sombra, y las llamas de Sarkha fueron tan ardientes como las de cualquier otro Dhar.

Todo el proceso llevó varios minutos. Puede que casi una hora. La superficie era un océano de llamas, cristales fundidos, construcciones piramidales a medio emerger de la superficie que ya nunca cruzarían las estrellas y restos de sus hermanas y hermanos Esquirla fragmentados por doquier.

Pero aún quedaban supervivientes. Existían pozos, huecos y recovecos bajo la superficie donde varios miles encontraron refugio y amparo ante el fuego ardiente de lo que sin duda eran demonios llegados de las estrellas.

Aquellos "rangers" no actuaban como los necios guerreros de las memorias compartidas por su Reina.

La lamentación de los supervivientes en el Canto se convirtió en una oleada de furiosa revancha. Las más capaces de las Esquirlas ya planeaban. Dejarían que aquellos monstruos de las estrellas, borrachos de poder, se confiasen y les creyesen exterminadas. Cuando el enemigo se retirase restaurarían lo perdido, y llegado el momento devolverían el golpe.

No eran conscientes de que su final ya había llegado.

 

******

 

A miles de kilómetros de altura, Alma Aster hizo frenar a Solarys. La gigantesca Dhar se mantuvo inmóvil en el aire con facilidad, gracias más a la emisión de poder de su cuerpo que a cualquier movimiento de sus alas. Alma se permitió salir de su silla-módulo un momento y saltó hasta situarse justo encima de la cabeza de la gigantesca Dhar Komai.

Se sentó, dando unas suaves palmaditas sobre la escamosa piel de la draconiana criatura, que respondió con un sonido retumbante que podría haber sido un gigantesco ronroneo.

Alma observó el planeta bajo ella. Hasta donde alcanzaba su vista solo se veía el fuego rojo cubriéndolo todo. En la lejanía del horizonte podía vislumbrar en una dirección los anaranjados relámpagos del Dhar Komai de su hermano Armyos. En la otra, la sombra del ecuador envuelto en llamas negras obra de Athea y Sarkha.

El aire se había vaciado de nubes y el cielo reflejaba el infierno en el que se había convertido C-606. La atmósfera se había calentado a niveles propios de mundos con órbitas casi adyacentes a su sol. Si Alma fuese un ser humano normal, aquella temperatura habría bastado para cocinar sus órganos internos.

Sentada sobre la cabeza de su Dhar, la Rider Red suspiró tras retraer sus sentidos de nuevo, sabiendo que ya no había marcha atrás. Dio una última caricia a Solarys, musitando un quedo "Buen trabajo, peque" antes de entrar de nuevo en la silla-módulo en el lomo de la draconiana bestia.

Alzando el vuelo hacia el exterior de la atmósfera del planeta, Alma estableció de nuevo contacto con los demás.

"Riders", comenzó, "Se mantiene presencia de Esquirlas bajo la superficie en diversos puntos del planeta."

"Yo también las he detectado", añadió Athea.

Las dos hermanas pudieron sentir la confirmación de los demás. Todos habían sentido los rastros de vida que aún sobrevivían ocultos en el mundo que acababan de calcinar. Dentro de su silla-módulo, Alma cerró los ojos y tomó una bocanada de aire antes de volver  a hablar.

"Muy bien. Ya sabéis lo que hay que hacer."

La respuesta de sus hermanos y hermanas no fue verbalizada, pero Alma los sintió asentir a través del lazo que los unía.

Un lazo psíquico quizá no muy distinto del Canto de las Esquirlas, pero esa era una ironía de la que nunca serían conscientes.

Los cinco Dhar Komai se elevaron, situándose en puntos equidistantes de la órbita de C-606 y a una mayor distancia de donde ahora flotaban los restos del Iris. Solarys, Volvaugr, Sarkha, Adavante y Tempestas se orientaron de cara al planeta e hicieron un gesto como si tomasen aliento pese a estar en el vacío del espacio.

Para un observador externo, los torsos de las criaturas parecerían iluminarse. Destellos de poder comenzarían a escapar de entre sus escapas y sus ojos brillarían como focos.

Finalmente, los Dhars exhalaron, desencadenando su ataque. Un flujo de llamas emergió de las bocas de cada una de las draconianas bestias. Plasma rojizo por parte de Solarys, llamas anaranjadas y relámpagos con Volvaugr, una aceitosa corriente de sombras surgió de las fauces de Sarkha, llamas púrpuras con un brillo rosado de Adavante, y volutas humeantes de incandescente energía azul emitidas por Tempestas.

Al lado del planeta, las corrientes de llamas que caían sobre él parecían finos hilos de color, pero al entrar en contacto con la superficie se habían expandido hasta ser pilares flamígeros, tornados de llamas y plasma de cientos de kilómetros que golpearon la superficie aún ardiente de C-606.

Los Dhars no se detuvieron. El flujo de sus ataques continuó, y ganó en intensidad. Pero en vez de acrecentarse su tamaño, las corrientes de llamas comenzaron a afinarse, a convertirse en emisiones de energía concentrada finas como cuchillas y más calientes que un millar de soles.

Aquellos haces de luz solida, ardiente y multicolor, cortaron a través del fuego, a través del cristal, y comenzaron a hundirse en la superficie del planeta y más allá. Hondo, cada vez más hondo, fundiendo todo a su paso. Sedimentos, minerales, metal, roca... su avance fue imparable hasta alcanzar el núcleo del planeta.

El poder de cinco agujas de luz cósmicas golpeó de lleno la masa de magma con un corazón de metal sólido envuelto en energías electromagnéticas. Todo el núcleo se desestabilizo, como un enorme reactor entrando en estado crítico antes de...

Los Dhar Komai cesaron su ataque, y retrocedieron hasta una distancia segura con velocidades que rozaron la de la luz, evitando la onda de poder que precedió a la explosión de C-606.

El mundo se resquebrajó como una cáscara de huevo y se vio consumido por la esfera de energía pura en que se hacía convertido su núcleo sobrecargado, antes de que éste estallase con un destello de luz que por unos segundos iluminó todo el sistema solar con más claridad que la de su propia estrella.

Y de todas y cada una de las Esquirlas que habían tomado aquel planeta, no quedó ni el más miserable y humilde átomo.

domingo, 9 de octubre de 2022

088 DÍA PRIMERO (II)

 

Los Riders y sus Dhars estaban acostumbrados a encontrarse con el riesgo de lo inesperado al salir del hiperespacio.

Hace siglo y medio, en sus primeros días con el lazo entre Rider y Dhar aún recién establecido, el primer ensayo de viaje interestelar haciendo uso de las draconianas bestias se saldó con Armyos emergiendo del hiperespacio antes de tiempo, colisionando con una luna de un sistema planetario no habitado e iniciando una reacción en cadena que remató con la fragmentación del satélite.

En una ocasión la salida y materialización del hiperespacio se produjo en el corazón de una flotilla comercial. Por suerte no se produjeron daños serios gracias a la rapidez de reflejos de los Riders, pero la situación supuso una pequeña pesadilla logística por un tiempo.

Una carrera de Antos y Avra haciendo uso del hiperespacio para recorrer rutas de navegación secundarias remató con ambos emergiendo de golpe en medio de un enjambre garmoga, en tránsito en medio de ninguna parte y lejos de cualquier área segura. Se las apañaron lo suficientemente bien para llevarse por delante a buena parte de los engendros y escabullirse antes de que la situación se descontrolase más de lo que ya estaba.

Encontronazos similares con más garmoga se produjeron ocasionalmente al entrar en área de infestación que esperaban la intervención de los Riders.

Y luego está el caso de Antos y el aterrizaje forzoso en la estación de recreo de Mastorica, pero nadie quiere hablar de eso.

La cuestión es que salir del hiperespacio para terminar de lleno en el corazón de un ataque o en medio de una situación imprevista no era nada nuevo para la familia Aster. Por eso en el preciso instante en que abandonaron el hiperespacio, con los restos de energía aún envolviendo los cuerpos de sus Dhars, ninguno de los cinco Riders bajó la guardia manteniendo sus sentidos y reflejos afinados al máximo.

Eso les permitió evitar, con una rapidez de vértigo, el recibir el impacto directo de un enorme haz de energía escarlata iluminando la oscuridad del espacio en el sistema C-606 en el que acababan de entrar.

"¿¡Qué demonios ha sido eso!?", exclamó Avra desde el interior de Tempestas. Aún pronunciando las palabras en voz alta, el pensamiento de las mismas se transmitió inmediatamente a los demás como un mensaje instantáneo.

"Eso", dijo Athea. Y siguiendo a sus palabras, la atención de los Riders se centró en aquello que había disparado contra ellos.

De lo que había sido la estación Iris, construida como centro de monitorización a distancias interestelares para el control de movimientos de enjambres garmoga, apenas quedaba nada. Toda la infraestructura estaba cubierta por formaciones cristalinas negras y grises de aspecto quebradizo entrelazadas entre sí. Un conjunto de formas angulosas y afiladas que otorgaban un grotesco aspecto de flor espinosa a toda la construcción, con un ojo ardiendo con un resplandor rojo en su centro donde otrora estaba la lente de vigilancia de la estación original.

Emitía destellos de energía y derramaba un plasma escarlata que flotaba en la ingravidez del espacio, formando corpúsculos carmesí a su alrededor.

"Parece que se está preparando para otra descarga", observó Armyos.

"¿Cómo demonios sabían que íbamos a aparecer justo aquí?", preguntó Avra.

"El Iris tenía sensores con la capacidad para detectar movimientos en el hiperespacio en rutas de proximidad", explicó Athea.

"Así que al canibalizar la estación las Esquirlas se han quedado con las habilidades que les servían", dijo Antos.

"Han hecho más que eso", indicó Alma, "Mirad la parte inferior"

En realidad no podría hablarse de que hubiese un arriba y un abajo en el espacio, pero desde el posicionamiento en que se encontraban los Riders, su punto de vista parecía mostrar como desde la parte inferior de la antigua estación Iris se extendía un apéndice prolongado. Un cable cristalino y retorcido que descendía hasta el planeta cercando, atravesando su atmósfera hasta llegar a la superficie del mundo.

Una superficie que lucía oscura y negra, sin rastros de la variedad geográfica que debería apreciarse.

"Athea", dijo Alma, "Reconocimiento. Y mantén distancias, no arriesgues contacto. Nosotros veremos qué hacer con la antigua estación."

Athea Aster asintió en el interior de su silla-módulo transmitiendo el gesto de afirmación a su hermana a través del lazo psíquico que las unía. Acto seguido, la Rider Black dio la orden y Sarkha, su Dhar Komai, se precipitó hacia el planeta a una velocidad que rozaba lo sublumínico, dejando un rastro ardiente al atravesar la atmósfera.

Athea pudo ver tanto a través de sus propios sentidos como a través de los de su Dhar, junto con la información recogida en los sensores de su silla-módulo en el lomo de Sarkha. Y lo que vio resultó sobrecogedor.

El principal planeta orbitando en torno a C-606 era un mundo deshabitado pero no carente de vida. Formas de vida vegetales, hongos y primitivos organismos animales conformaban un ecosistema naciente que en unos millones de años podría haber visto nacer formas de vida más complejas. Era un mundo de montañas y cordilleras, de valles, ríos y mares. De colores verdes, rojos y azules.

Ahora solo quedaba el gris y el negro de la masa de cristal orgánico que asfixiaba su superficie como una costra grotesca. Lo peor eran las partes en las que no aparentaba una rígida solidez y la superficie parecía moverse y palpitar como siguiendo el ritmo de una trabajosa respiración. Entre todo el negro y gris resaltaban ocasionales parcelas de color, círculos rojos de los que emanaban vapores extraños.

Sarkha y Athea sobrevolaron todo un hemisferio a gran velocidad, manteniendo sus distancias pero acercándose lo suficiente para poder apreciar que se trataba de enormes pozos. Un líquido rojo y luminiscente descansaba en su fondo, como  sangre o magma fundido. Y de esa masa primordial emergían de forma continua las figuras que hormigueaban a lo largo y ancho de todas las grietas del planeta. Esquirlas, de cristal negro y forma perfecta, recién nacidas.

La Rider Black se concentró, pero decidió no transmitir la información aún a sus hermanas y hermanos. El vello en su nuca se erizó bajo su armadura y por puro instinto alzo el vuelo con Sarkha, esquivando otra emisión de energía similar a la que los había recibido al llegar.

El Dhar Komai negro se giró levemente en su ascenso, y a través de sus ojos Athea pudo ver como lo que parecía una montaña se asemejaba más a una forma piramidal a medio construir, como si estuviese emergiendo del suelo. El cristal en torno a ella reverberaba y se moldeaba casi como un líquido.

En su centro, una fisura en su oscura superficie brillaba con un resplandor carmesí, aún con restos de energía del disparo realizado rezumando como coágulos de poder.

 

******

 

La transformada estación Iris disparó de nuevo cuando los Dhars se dirigieron hacia ella de forma directa. A pesar de la velocidad con que la descarga energética fue emitida no supuso dificultad alguna para los Riders y sus draconianas monturas el esquivarla.

"Pienso que ese tipo de ataque está más pensado para grandes concentraciones de enemigos o para objetivos planetarios", dijo Armyos, "Y no parece que cuente con ninguna otra capacidad de ataque."

"Mejor para nosotros", dijo Alma, "Vamos a comprobar cuanto aguanta esa cosa."

Solarys se detuvo, y tras arquear su espalda, la gigantesca Dhar estiró su cuello abriendo su boca. Emitió una continua llamarada de plasma rojo que voló hasta impactar con uno de los brazos cristalinos de la corrompida estación espacial. El cristal no se quebró totalmente, pero grietas incandescentes dejaron marcada su superficie.

"¿Cuánto poder habéis puesto en eso?", preguntó Antos.

"Solo un poco menos de la mitad", respondió Alma, "Esa cosa es dura, pero si vamos a por todas no deberíamos tardar mucho."

"Hum... tenemos compañía", dijo Armyos, "Parece que hay multitud de formas de escaso tamaño saliendo de esa cosa."

"Esquirlas", observó Alma, "Parece que pueden desplazarse por el vacío del espacio, aunque son mucho más lentas que los garm..."

De repente, multitud de chispazos de luz blanca se produjeron en la distancia cerca de la estación para acto seguido reproducirse justo ante los Dhars. Cientos de Esquirlas surgieron de la nada en destellos de pálida luz flotando hacia los Dhars como mortales proyectiles.

Solarys retrocedió, siendo la más adelantada. Haces de fuego cruzado  de Volvaugr y Tempestas ocuparon su espacio alcanzando de lleno a múltiples de las Esquirlas.

"¡Joder, olvidaba que pueden teleportarse!", exclamó Avra.

"Siguen teniendo una capacidad de maniobra nula en el espacio", dijo Alma al tiempo que Solarys emitía una oleada de llamas que dio cuenta de otro buen número de Esquirlas. Otras pocas parpadearon de nuevo en luz blanca, materializándose a espaldas del grupo de Dhars...

... donde fueron recibidos por una descarga de energía emitida por la cola de Adavante, el Dhar Komai de Rider Purple.

"Pero son unos cabrones astutos", dijo Antos, "Manteneos alerta y no dejéis que toquen a vuestro Dhar, aún recuerdo lo que me hicieron en el brazo."

"¡Aaaagh, a la mierda!", exclamó Avra. Tempestas emitió un rugido y el Dhar azulado salió disparado contra la estación Iris, envuelto en una nube de energía celeste y relámpagos generados por su propio cuerpo.

"¡Avra! No... sigh, no sé ni para que me molesto", suspiró Alma.

"Mejor ir a por la estación, luego ya limpiaremos restos de Esquirlas rezagadas", sugirió Armyos.

Solarys rugió volando tras Tempestas. Volvaugr y Adavante la siguieron. Las tres bestias cargaron sus cuerpos con energía y dispararon tres haces de plasma concentrado antes de acercarse.

Los rayos candentes de color rojo, naranja y púrpura adelantaron a Tempestas, haciendo que el Dhar azul se frenase de golpe para irritación de su Rider.

"¡Eh!", gritó Avra, "¡Eso no vale!"

Antes de que pudiese decir o hacer nada más, una nueva descarga de poder surgió del planeta. Envuelta en una masa de energía oscura, la figura de Sarkha se lanzó de lleno contra la estación Iris, atravesándola a través de su ojo escarlata. La energía liberada estalló en una onda expansiva de poder liberado, fragmentando todo el constructo cristalino y esparciendo sus restos a lo largo de la órbita del planeta. El cordón que la unía con la superficie del mundo bajo ella comenzó a quebrarse.

"¿Athea?", preguntó Alma ignorando los improperios emitidos por Avra, "No me voy a quejar de un trabajo bien hecho, pero eso ha sido un poco..."

"No tenemos tiempo", replicó la Rider Black, "Un aura de energía sirve de escudo al contacto directo y no podía permitir que esa cosa nos distrajese más. La situación en la superficie es preocupante."

"¿Qué está pasando ahí abajo?", preguntó Antos.

"Toda la superficie del planeta está cubierta. Las Esquirlas están tomando la biomasa para generar más de sí mismas y otros constructos. Sarkha y yo solo hemos visto una a medio formar, pero apostaría que en múltiples localizaciones de la superficie se están formando más de esos constructos piramidales."

"¿Todo el planeta está comprometido?", preguntó Alma al tiempo que Solarys volatilizaba a unas pocas esquirlas que intentaban flotar hacia ellas en el vacio.

"Todo el planeta. Y diría que más allá de la superficie"

Alma calló por un momento, sopesando su próxima decisión.

"Si no queda ninguna forma de vida que preservar y ese sitio se ha convertido en una factoría para el enemigo..."

La Rider Red frunció el ceño bajo su casco. Los demás supieron enseguida la razón de dicha incomodidad y lo que su hermana iba a ordenar. No era una elección nunca tomada a la ligera.

Iban a volar un planeta entero.