lunes, 11 de julio de 2022

078 INS BALTHAGO

 

El último año había sido interesante para la INS Balthago.

La fragata era una modelo CN-Delta híbrida, fruto de la colaboración entre las distintas filosofías de ingeniería de tres especies del Concilio. La flota Conciliar era, normalmente, un conglomerado de las flotas independientes de los distintos mundos miembros coordinadas por la Mariscalía, el máximo poder militar de la galaxia unificada. No había sido hasta hace poco que habían comenzado a promoverse colaboraciones inter-especies para la elaboración de una flota del Concilio regular.

En la práctica, sin embargo, dichas colaboraciones se habían manifestado apenas en un puñado de naves, mayormente fragatas, usadas para la exploración y la patrulla de sectores conflictivos. Muchas de ellas fruto de la afinidad entre especies derivada de los requerimientos físicos y de rendimiento que cada cual encontraba más apropiados.

Después de todo, las especies humanoides tendían a agruparse, pero no podías esperar que un pisciforme simuras pudiese conjugar bien su ecosistema de transporte espacial con el de un fulgara constituido por energía viviente.

El agua y la electricidad no son buena mezcla.

Por eso, algunas especies tendían a colaborar más entre sí que con otras. La INS Balthago era el fruto del trabajo de ingenieros humanos, vas andarte e ithunamoi. La humanidad había contribuido con su particular entusiasmo en cuestiones de armamento y escudos. Los vas andarte habían contribuido a la elegancia de diseño y estabilidad del hipermotor. Y los ithunamoi habían hecho la nave habitable para múltiples especies, habían revisado los requerimientos de energía y se habían asegurado de que todo encajase de la forma correcta para que el vehículo no estallase en su puesta de largo.

Dadas todas las cosas por las que la Balthago había pasado en su relativamente breve existencia, su capitán Vonn Calkias se permitía en ocasiones el atrevimiento de creer que su nave era la mejor de toda la flota.

Era algo que todo capitán pensaba al menos una vez sobre su propio navío, pero aún siendo consciente de eso Calkias creía que su nave tenia papeletas para merecer dicha categoría.

En aquel momento, el capitán ithunamoi se encontraba sentado en su silla de mando y disfrutando de una taza de café bien cargado. De todas las cosas que los humanos habían traído a la galaxia desde su diáspora a través del Mar Interminable, aquella droga alcaloide era sin duda una de las favoritas no solo de Calkias sino también de un buen número de especies que pudiesen metabolizarla. A él lo ayudaba a relajarse y a mantener su mente centrada, y algo le decía que iba a necesitarlo para aquella misión.

Por la descripción del pack de órdenes recibidas, era algo sencillo y rutinario. Ir a la localización indicada y llevar a cabo un rastreo de la zona en busca de signos de vida.

Los elementos inquietantes, claro está, radicaban en lo que no decían las ordenes. Eso combinado con lo que el mismo Calkias sabía del área que se les había ordenado explorar y unido al hecho de que las órdenes venían redirigidas como una solicitud del servicio de inteligencia del OSC...

Si, necesitaba relajarse.

El sistema C-606 era uno de esos rincones perdidos del cuadrante Dálet que nominalmente estaba bajo supervisión del Concilio pero que a efectos prácticos era "tierra de nadie". Un rincón con recursos que había visto unas pocas operaciones mineras en el pasado y que no contaba con formas de vida nativas. Todos los planetas alrededor de su sol eran rocas agujereadas por la minería y los asteroides. En principio no había nada reseñable en aquel sitio.

Pero Calkias era capitán de su propia fragata, perteneciente a las flotillas de patrulla de los bordes exteriores de los cuatro cuadrantes. Y en esa línea de trabajo se oían cosas. Rumores de inyecciones de presupuesto en el departamento de estaciones de la flota, destinadas a la construcción de algo ligado a la red ZiZ. Algo situado en un sitio apartado del cuadrante Dálet que permitiría una ampliación de toda la red de seguimiento y vigilancia contra las infestaciones de los garmoga. Calkias ni siquiera tenía que sumar dos y dos para suponer que en aquel momento estaban rastreando dicho lugar y que algo había tenido que salir terriblemente mal.

Pero, a pesar de todo, de momento la situación estaba siendo tranquila. Habían comenzado su rastreo en el borde exterior del sistema solar, desplegando múltiples sondas. Con un cinturón de asteroides y apenas cuatro planetas risiblemente cercanos en sus órbitas (al menos dentro de lo que a dichas escalas de distancia se refiere) el oficial científico de la Balthago y su equipo habían calculado que un rastreo a fondo del sistema abarcaría unos cuatro días estándar.

Cuatro días flotando en un sistema solar en medio de ninguna parte, lejos de cualquier puerto espacial digno de ser llamado por ese nombre. A Calkias le recordaba demasiado a la situación de Krosus-4, y casi se temía otro encontronazo con piratas. Que los mundos de C-606 fuesen notoriamente inhabitables era seguramente la única razón por la que aquellas sabandijas no habían anidado allí también.

"Al menos tenemos buenas vistas, señor", dijo una voz a su lado, sacando a Calkias de su ensimismamiento.

De pie a su derecha, observando la negrura estrellada del espacio y el pálido sol, se encontraba su nueva Primera Oficial, una joven gobbore cuyo hocico lupino dibujaba una tenue sonrisa a la par que sus ojos dorados observaban con atención a través de los paneles de observación del puesto de mando.

Su antiguo Primer Oficial había sido un humano de edad ya avanzada, Alvin Collins. Collins había llevado bien el lidiar con piratas y las múltiples misiones centradas en frenar o contener infestaciones garmoga, además de las patrullas interminables y monótonas y las maniobras de ejercicios. Pero el viejo soldado había optado por un retiro temprano tras el asunto con los Riders en Pealea.

Lidiar con un Dhar Komai y una Rider renegados era aparentemente el límite.

Así que ahora el capitán de la INS Balthago contaba con una nueva mano derecha asignada por la misma Mariscalía y con una carta de recomendación adjunta a un historial encomiable. Calkias había sabido reconocer en su nueva Primer Oficial, Astorias Neva, los signos de alguien que se había esforzado en ascender por su propio esfuerzo y méritos a pesar de que contaba claramente con familiares en puestos de importancia que habían intentado empujarla a un puesto de prestigio lo más pronto posible.

La joven gobbore emitía esa aura propia de una individua ansiosa de probar su valía para acallar cualquier acusación de nepotismo. Calkias solo esperaba que eso no la llevase a cometer alguna estupidez, aunque por el momento todo parecía indicar que Astorias Neva tenía una cabeza sensata sobre sus hombros.

Respondiendo al comentario de la gobbore, Calkias asintió tras tomar un último sorbo de su café y dejar que las púas de su cabeza se relajasen.

"Mi padre lo llamaba el Mar Interminable. Era un romántico obsesionado con las viejas historias de marinos cruzando los océanos de nuestro mundo natal y siempre llevó consigo algo de esa vieja magia en su vida como mercante."

Las orejas de Astorias Neva se alzaron en señal de atención, "Es un nombre apropiado después de todo. Estar asilados en un barco en medio de un océano seguramente no se sentiría muy diferente de esto."

"Salvo por no tener que preocuparse por irradiación cósmica, descompresión, oxígeno y posibles encontronazos con los garmoga", observó Calkias con buen humor.

"Mmm... tormentas, enfermedades, peligro de naufragio...", replicó Neva, "Y puede que no estén al nivel de los garmoga, benditos sean los Ancestros, pero estoy casi segura de que un banco de ikeliones podrían merendarse un barco..."

"¿Ikeliones?"

"Ah, son unos crustáceos hipersónicos de los mares del hemisferio norte de Gor Boras. Tienen propensión a devorar el metal y..."

Un pitido estridente interrumpió la conversación, llenando el puente de mando de actividad frenética.

"¡Informe!", gritó Calkias.

"Alarma de proximidad de una de las sondas, capitán", explicó el oficial de comunicaciones, "Código rojo, sea lo que sea lo detectado el algoritmo de observación lo ha calificado como elemento peligroso."

"¿Tenemos visual?", preguntó Neva.

"Negativo señora", explicó otro de los oficiales, encargado de la monitorización externa de la nave, "Estamos redirigiendo las sondas más cercanas al punto marcado y... ¡Cinco Infiernos!"

Con un gesto de su mano, el oficial traspasó los contenidos de su monitor al holovisor central frente a la silla del capitán, haciendo los datos visibles a todo el puente de mando.

"¡Múltiples señales de biomasa en la órbita del segundo planeta y moviéndose a gran velocidad hacia nosotros!"

"¿Un enjambre garmoga?", preguntó Calkias.

"Las lecturas de radiación y señal energética no se corresponden con ninguno de los registros de infestaciones garmoga, creo que estamos ante algo nuev... ¡Tenemos visual de una de las sondas!"

"Póngalo en el holovisor, oficial Kenta."

Las lecturas de energía y de señales de movimiento en la gran pantalla central fueron sustituidas por una imagen bastante nítida de un objeto de gran tamaño desplazándose a través del espacio.

"Eso es...", comenzó Neva, con su pelaje ligeramente erizado.

"Es una pirámide", dijo Calkias.

Efectivamente, el objeto tenía el aspecto de una gran construcción piramidal, de un material negro que parecía absorber la luz. Se distinguía su contorno sobre el vacio del espacio en parte por como su masa ocultaba las estrellas tras ella y en parte por el único retazo de color, un resplandor rojizo intenso emanando de una apertura horizontal cercana a la cúspide de la construcción.

"¿Cómo demonios se puede desplazar esa cosa?", preguntó alguien en el puente de mando, Calkias no pudo determinar quién.

"La emisión de energía es tremenda, a su velocidad actual nos alcanzará en..."

Lo vieron unos segundos antes en la pantalla pero notaron sus efectos casi de inmediato a pesar de la enormidad de la distancia que aún les separaba. La hendidura rojiza de la pirámide destelló con gran intensidad, como si se hubiese producido una descarga de energía. Acto seguido un resplandor rojo inundó el puente de mando y una descarga de poder más antiguo que la memoria de las civilizaciones de todos los presentes en la nave inutilizó los sistemas centrales de la Balthago.

Una alarma comenzó a sonar, ensordecedora.

"¡Informe de daños!", exclamó Calkias. Las púas de su cabeza se habían erizado y también las de su espalda, rasgando la tela del uniforme.

"No nos ha atinado de lleno, pero ha bastado para dejar nuestros escudos a un tercio de su rendimiento y freír el hipermotor principal", exclamó uno de los oficiales técnicos, "¡Los sistemas de vida se mantienen y también el armamento, señor!"

Calkias asintió, y respiro hondo. Esta vez no gritó pero su voz sonó alta, fuerte y clara por encima del estruendo de las alarmas.

"Desde este instante la INS Balthago entra en zafarrancho de combate. Quiero toda la energía no vital destinada a reforzar los escudos, capacidad de maniobra y nuestro armamento puesto a punto. En previsión de que no consigamos reponer nuestro hipermotor en los próximos minutos, todo el personal no indispensable debe acceder ahora mismo a las capsulas de evacuación."

Calkias se volvió hacia el oficia de comunicaciones.

"¿Seguimos en la red?"

"Si señor. Hemos comenzado la transmisión de SOS estándar"

"Súmele a eso todos los datos captados por las sondas en los últimos minutos, por poco que sea. Transmítalo como prioridad Alfa por todos los canales."

Calkias y Neva intercambiaron una mirada. La joven gobbore asintió, corriendo a hacerse cargo de supervisar la evacuación de la nave mientras Calkias mantenía el puente. El capitán ithunamoi no sabía como iba a terminar aquello. La situación era de pura incertidumbre, pero la INS Balthago había sido enviada allí a averiguar qué había ocurrido y parece ser que lo habían encontrado.

Y si la nave no podía volver de aquel viaje, Calkias se aseguraría de que el resto de la galaxia estuviese alerta. Cumplirían su misión, por amargo que fuese el final.

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