jueves, 30 de septiembre de 2021

I04 INTERLUDIO: MAR INTERMINABLE

 

Lo primero que vio al abrir los ojos fue una mancha rojiza flotando frente a ella. Hicieron falta un par de parpadeos para enfocar su vista y darse cuenta de que lo que tenía delante era un rostro sonriendo tímidamente. Una joven vas andarte de piel rojiza y cabellos plateados, con sus ojos compuestos de forma almendrada fijos en ella.

"¡Hola!", dijo.

Meredith Alcaudón levantó una ceja, "¿Hola?"

"Ah, Meredith, bienvenida de vuelta al mundo de los despiertos", dijo otra voz.

Meredith Alcaudón giró la cabeza, no sin cierto esfuerzo, y pudo ver a Tobal Vastra-Oth sentado a los mandos de la lanzadera en que se encontraban. La silla de pilotaje ligeramente girada para que él pudiese volverse hacia ella y saludarla con un gesto de su cornamentada cabeza.

Ah, sí, pensó Meredith, Estamos en la lanzadera de Bacta.

"¿Cuánto llevo inconsciente?", preguntó, intentando incorporarse. Se dio cuenta de que no pudo, su cuerpo apenas respondiendo al estímulo. Podía sentir los dedos de sus pies con un hormigueo incómodo así que no creía que fuese algo permanente, era más bien como si su cuerpo aún estuviese dormido y solo hubiese despertado de cuello para arriba.

"Un día. Te he acomodado todo lo que he podido en uno de los asientos de la cabina a modo de camilla improvisada. Habría usado el camastro del habitáculo en la zona de carga pero..."

"Pero había que usarlo como celda improvisada para el señor Bacta", remató la joven vas andarte.

Meredith volvió a centrar su atención en ella. La vas andarte era joven, muy joven. Dado que eran una de las especies más similares a los humanos junto con los atlianos su edad no era algo difícil de determinar. Estaba sentada en el asiendo frente al suyo, con sus manos entrecruzadas y jugando con sus pulgares en un signo de nerviosismo. Meredith se dio cuenta de que tenía las muñecas y los pies atados con lo que parecían correas. Y el uniforme que vestía...

"Eres una operativa. Una de las que estaban con Bacta en el hangar", dijo Meredith, "La que noqueé."

"Si, hum...", respondió la muchacha inclinando su cabeza, "Noté como si me dieran un golpe dentro del cráneo. Desperté justo cuando el señor Vastra-Oth acababa de encerrar al señor Bacta y se disponía a cargar provisiones antes del despegue."

"La pregunté si iba a atacarme", intervino Tobal, "Dijo que no, pero no me fiaba del todo. Fue su reacción al preguntar por su compañero lo que me llevó a subirla a bordo, tomando ciertas precauciones."

La vas andarte continuó cabizbaja, "Malkos era un buen compañero. Era más veterano que yo y siempre tenía paciencia conmigo, no como el señor Bacta", explicó, "El señor Bacta... al principio no quería creer que hubiese matado a Malkos al intentar matarles a ustedes, pero es la clase de cosas que sé que haría. Para él éramos intercambiables. Mi puesto antes estaba ocupado por alguien a quien usó de cebo en una misión, sin miramientos."

"No es el único motivo por el que decidí traerla con nosotros...", comenzó Tobal, antes de que Meredith lo interrumpiera.

"¿Cómo te llamas?"

"Ah... Goa. Goa Minila, señora."

"No soy xenobióloga, pero siempre he pensado que tengo bastante buen ojo. Los vas andarte sois condenadamente altos y cambiáis poco de aspecto pero... No tienes más de catorce años estándar. Quince a lo sumo ¿Me equivoco?"

"Catorce y medio, señora. Creo. No estoy segura de mi edad cuando fui acogida por la organización, pero debía tener unos tres o cuatro años."

Un tema espinoso, alguien tan joven metido en asuntos de esa índole.

La guerra había comprometido muchas cosas. Soldados en la minoría de edad eran algo más común de lo que habría sido aceptable siglos antes en las áreas más en riesgo por las invasiones garmoga. De los mismos Riders, dos de ellos habían sido menores según los parámetros de edad humanos cuando iniciaron su carrera.

Pero por horrible que fuese, jóvenes soldados en una guerra por la supervivencia de la galaxia seguía siendo algo muy distinto a pertenecer a una organización especializada en el asesinato.

Acogida por la organización, pensó Meredith, Si no me equivoco eso es poco menos que un eufemismo para decir que sus padres o tutores fueron objetivo de algún trabajo de los operativos y que el agente de turno al encontrarse a una niña pequeña decidió llevársela consigo.

Pudo ser frío pragmatismo al reconocer un potencial uso. Pudo ser un atisbo de piedad al no querer segar una vida tan joven. Daba igual, el resultado era el mismo. Una vida truncada destinada a convertirse en un engranaje más de la organización de asesinos y mercenarios más prominente de la galaxia.

"Mi hija mayor tiene la misma edad", dijo Tobal, "Sabiendo eso..."

"Eres un mendrugo, Tobal", dijo Meredith.

"¿Perdona?"

"Expresión humana... un mendrugo, un pedazo de pan... Agh, al menos la has atado."

"Era consciente de los riesgos Meredith", replicó Tobal con cierto reproche, "Pero asesina o no, no iba a dejarla a su suerte en Pealea. Y tampoco iba a encerrarla a solas con Bacta."

"Asesina en prácticas", musitó Goa.

"¿Qué ha pasado en Pealea, por cierto?", preguntó Meredith.

"No tenemos la menor idea, la verdad", respondió Tobal, "El sistema de comunicación de esta lanzadera está dañado y solo se perciben transmisiones parciales. Parece que además del ataque garmoga en Pealea se produjo uno simultáneo en Camlos Tor."

"¿En la capital del Concilio?", preguntó una incrédula Meredith, "Eso es... joder."

"Cuando puse la nave en marcha el túnel de eyección llevó a un acceso de salida en unas colinas lejos del entorno urbano. Apenas quedaban restos de enjambres garmoga revoloteando y no fue difícil esquivarlos. No pude ver mucho, pero por los destellos de luz que iluminaban la atmósfera creo que uno de los Riders y su Dhar seguían allí."

"Al menos no terminamos convertidos en comida de abominaciones espaciales... ¿A dónde vamos ahora?"

"Bueno, ahora mismo estamos a velocidad sublumínica en el Sistema Faros. Tenía planeada una parada rápida en una estación de tránsito para cargar bien el hipermotor y de ahí saltar a Venato. Conozco gente allí que puede darnos estancia segura. No sabía cuánto tiempo ibas a estar inconsciente después de lo que hiciste..."

"Solo he estado noqueada un día. Es una mejora respecto al coma de una semana de la primera vez que usé la Sinergia, aunque aún no puedo moverme y empiezo a notar los signos de una futura jaqueca", dijo Meredith, "Y si, Venato suena bien, un respiro antes de seguir lidiando con Bacta."

"Ha sido un prisionero extrañamente sumiso, despertó hace unas horas", indicó Tobal.

"Creo que les tiene miedo", dijo Goa, "Bueno, a usted sobre todo señorita Alcaudón."

"¿Has revisado bien el habitáculo? ¿Seguro que no tendrá alguna sorpresa escondida ahí dentro para jodernos en cuanto bajemos la guardia?"

"Lo revisé a fondo antes de encerrarlo. Había dos dobles fondos y una falsa pared, con armas guardadas. Lo vacié todo y usé un hechizo de rastreo como extra. Con eso encontré esto...", Tobal se sacó del bolsillo una especie de dispositivo de pequeño tamaño con un brillante botón rojo, "Goa aquí presente dice que es un botón del pánico."

"Si lo presionan manda una señal a la Central y un equipo de operativos es enviado a hacer limpieza", explicó la joven vas andarte, "Pero no les recomiendo usarlo. Suelen mandar un destacamento entero y muchas veces la 'limpieza' es del tipo expeditivo."

"Me lo imaginaba", gruñó Meredith, "¿Aparte de esto Bacta no ha dicho nada?"

"Intenté hablar con él, pero no ha abierto la boca", dijo Tobal, "Y no me he puesto a interrogarlo en serio, esperaba a que tu despertases. No sé cuánto podrá decirnos, pero Goa ha tenido otra idea que podría sernos útil."

La muchacha asintió repetidamente y de forma entusiasta.

"Hay que ir a Esbos. Es donde está el centro de formación donde me crié. Camuflado como un orfanato. Uno de los tres Supervisores de allí debería tener accesos a los archivos de la organización. Al menos hasta cierto nivel."

Meredith volvió a posar su mirada de nuevo en la joven vas andarte. Parecía sincera, demasiado sincera. Pero al mismo tiempo sus instintos, por extraño que fuese, no le estaban gritando señales de alarma. No había ningún subterfugio allí.

Eso lo hacía todo más extraño.

"¿Por qué nos ayudas tan abiertamente, Goa?"

Los ojos insectoides y almendrados de la muchacha se abrieron de golpe antes de que una expresión de tristeza cayese sobre su rostro, de nuevo cabizbajo.

"Malkos", dijo, "El señor Bacta mató a Malkos sin importarle nada. Y si los hubiese matado a ustedes creo que se habría marchado dejándome allí a mi suerte. Siempre ha sido así con él, tiene una reputación como Supervisor... sus asistentes y operativos a su cargo no duran mucho. Medra con sus sacrificios."

La joven se detuvo un momento, tomando aire con un sollozo contenido, "Nunca he sido muy buena en esto ¿sabe? Cumplía lo mínimo, y el condicionamiento moral... bueno, el matar a alguien no es el problema para mí. Es sólo que se me da mal."

Cinco infiernos, pensó Meredith con expresión de incrédulo pasmo.

"Mis resultados no eran satisfactorios, pero nunca causé daños graves ni rompí las normativas", continuó Goa, "Sé que querían deshacerse de mi desde hace un tiempo, pero no tenían una causa legítima. Son muy obsesos con seguir las normas internas en ese sentido. Nada de desperdicios, dicen."

"Así que te pusieron bajo la supervisión de alguien con reputación de sacrificar a quien tenía a su cargo  con cierta frecuencia, pero siempre dentro de los parámetros de cumplimiento de cada encargo o misión", dijo Meredith.

"Si... y no me importaba, la verdad. Pero que matase a Malkos... Malkos era útil. Malkos era listo. Él... Malkos era bueno conmigo. Me enseñó trucos con las armas, me repitió viejas lecciones de forma que me resultaban más sencillas de entender... Terminar conmigo tendría sentido, pero Malkos...", el rostro de la joven vas andarte se ensombreció, "Es un desperdicio, matarle fue un desperdicio ¡Y si los superiores del señor Bacta están de acuerdo con esa incompetencia, nunca han tenido derecho a juzgar la mía!"

Goa exclamó las últimas palabras en un exabrupto de furia apenas contenida. Al instante, abriendo los ojos con pánico, volvió a retraerse en sí misma musitando una disculpa casi inaudible.

Vale, se dijo Meredith, Parece que vamos a tener que llevar con nosotros a una adolescente asesina potencialmente torpe y de moral ambigua, intentar interrogar a su ex-jefe y... ¿qué me dejo? Ah, sí.

"¿Tobal? Más vale que tus colegas de Venato puedan conseguirme unos cuantos ordenadores", dijo.

Tenían que lidiar con los operativos y averiguar quién había puesto el contrato inicial sobre su cabeza y la del desafortunado esposo de Tobal.

Pero Meredith no había olvidado la masa de datos encriptada pendiente de descifrar que le había dejado su difunto amigo, el lazo que todo aquello parecía tener con Rider Black, y qué era sin duda la aguja de aquel condenado pajar de conspiraciones que parecía haber salido de la nada.

Esto es mi vida, pensó.

Volvió a sumirse en el sueño, escuchando la voz ya más calmada de Goa preguntando algo con timidez a Tobal, la respuesta de éste fundiéndose con el murmullo de los motores de la pequeña lanzadera que surcaba la negrura estrellada del Mar Interminable.

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