viernes, 23 de julio de 2021

034 AL CORAZÓN

 

Alma Aster abandonó el Templo de Elda a la carrera.

Habría deseado más tiempo para seguir conversando con Amur-Ra pero parecía que los garmoga tenían otros planes, y una Rider no podía permitirse el lujo de ignorarlos. Al tiempo que llamaba a Solarys con su lazo psíquico, Alma liberó el poder del Nexo atado a su alma. Un fulgor rojo iluminó su cuerpo y su armadura se cristalizó en segundos.

Solarys ni siquiera tomó tierra. La Dhar Komai voló bajo, con una precisión y control inusitado en una criatura de semejante tamaño, y Alma saltó a su lomo desde el suelo, entrando rápidamente en la silla-módulo.

Se introdujo totalmente, recostándose en su interior al tiempo que la capsula se cerraba. Inmediatamente, su lazo con Solarys se vio reforzado y la percepción de los sentidos de la Dhar estaba unida ahora a los suyos propios.

Ascendieron, dejando atrás Occtei. Atravesaron la atmósfera, pasando del cielo nuboso a la oscuridad estrellada del espacio en cuestión de segundos.

Una voz resonó en su oído.

"Estableciendo comunicaciones ¿Me oís todos?", dijo Armyos.

"Alto y claro, Armyos", respondió Alma.

A través de los ojos de Solarys pudo percibir los destellos de color de los demás. Sus hermanas y sus hermanos y sus respectivos Dhars habían respondido a la llamada con la misma prontitud.

Tempestas serpenteaba alrededor de Adavante, reflejando la actitud juguetona y ocasionalmente irritante de Avra al interactuar con Antos. Volvaugr volaba con firmeza, situándose junto a Solarys en cuanto ésta abandonó la atmósfera. Aunque nunca había sido constatado oficialmente, Armyos era en cierto modo el segundo al mando. O al menos, el único capaz de conciliar a los demás si Alma no estaba presente para ejercer algo de autoridad.

Por su parte Sarkha volaba cerca del grupo pero algo más distante, tan reservada como Athea. Pese a todo, fue la Rider Black la primera en hacer la pregunta pertinente.

"¿Dónde y qué sabemos?"

Un breve corte de estática indicó en los sensores de sus cascos la conexión con las comunicaciones del planeta. La voz del director de los Rider Corps, Arthur Ziras, resonó con firmeza.

"Riders. A las 012038 recibimos la señal de advertencia del ZiZ estacionado en Pealea, sistema Eribos, cuadrante Dálet-09736. Se trata de un enjambre garmoga extra-atmosférico."

"¿Oh? ¿Nada de portales esta vez?"

"¿Por qué suenas decepcionado, Antos?", preguntó Avra.

"No estoy decepcionado, pero tras tantas horas planeando estrategias para cerrar esas cosas..."

"Chicos, centraos", interrumpió Armyos, "El director aún no ha terminado."

"Gracias, Rider Orange", dijo Ziras, "La cuestión es que pese al uso de un modus operandi clásico de los garmoga, este presenta una peculiaridad alarmante. El ZiZ detectó el enjambre a una distancia mayor de la habitual, más allá de los bordes del sistema solar, dando un margen de casi una hora para el proceso de evacuación."

"Eso es... ¿bueno?", preguntó Avra, "¿Cuánto tiempo nos llevará alcanzar el destino saliendo ahora? Llegaremos con antelación."

"A Dálet... 0.21, aproximadamente", dijo Antos, "La verdad es que es raro. Los enjambres garmoga tienden a pasar desapercibidos hasta que se acercan al planeta objetivo ¿Cómo lo ha detectado tan rápido y a tanta distancia el ZiZ?"

Athea fue la primera en atar cabos.

"Director Ziras", preguntó la Rider Black, "¿Cuántos?"

Alma comprendió enseguida lo que estaba preguntando su hermana, "Dioses, para que un enjambre sea visible a esa distancia..."

"Según los cálculos iniciales del ZiZ, el número aproximado de drones garmoga en el enjambre es de... unos cinco millones y medio aproximadamente."

"¡Cinco infiernos!", exclamó Avra.

"Las defensas planetarias estándar no van a poder frenar eso de forma significativa, y con ese número al llegar a la superficie...", dijo Armyos.

"Será una Fase 2 de infestación de entrada", explicó Antos.

"Partimos ahora", indicó Alma, "No más demoras. Es un enjambre enorme, pero contamos con tiempo. Llegaremos antes que ellos y podremos elaborar una estrategia de defensa."

"Con esos números no podremos cortar el paso a todos pero interceptándolos en el espacio y lejos de zonas pobladas e infraestructuras podemos desatar el poder pleno de nuestros Dhars y llevarnos a la mayoría de esos engendros por delante", dijo Athea.

"Saltamos al hiperespacio. Director Ziras, restableceremos comunicación cuando entremos de nuevo a velocidad sublumínica en el sistema de destino. Rider Red, corto."

"Recibido, Rider Red. Suerte, a todos. Corto."

Los cinco Dhar Komai brillaron antes de que su masa corporal se viese distorsionada por el salto a la velocidad luz. Tras su marcha el único rastro fueron volutas de restos de colorida energía disolviéndose en la vastedad del espacio.

Durante el salto, Alma intentó reafirmar su ánimo centrándose en sus propias palabras y las de Armyos.

Llegarían con más antelación de la habitual a la emergencia. Podrían frenar a gran parte del enjambre antes siquiera de que hiciesen contacto con el planeta. Pero la envergadura de éste era otra característica inusual en la creciente lista de irregularidades que los garmoga estaban mostrando desde el reinicio de su actividad.

No pudo evitar un mal presentimiento.

 

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Camlos Tor. 

Lo llamaban la Joya Dorada del Cosmos. Sede del Senado del Concilio y Mundo Capital de toda la civilización galáctica. 

Situado en el sistema central de Torssoi en el cuadrante Alef, en los círculos interiores situados en una posición de cercanía al núcleo galáctico pero aún lo suficientemente lejos de las áreas más inestables y peligrosas del corazón de la galaxia, cuna de agujeros negros y novas.

El mundo civilizado por antonomasia, Camlos Tor tenía una historia que se remontaba cientos de milenios atrás, incluso mucho antes de que el mismo Concilio fuese una idea.

Los primeros fundadores habían sido olvidados. Una civilización nativa de nombre original desconocido de la que únicamente se conservaban unos pocos restos arquitectónicos subterráneos como patrimonio cultural. Eran fuente constante de visitas de turistas, eruditos y meros curiosos. Ruinas de un tamaño y envergadura tal que sugerían que dichos primeros habitantes debían haber sido poco menos que una raza de gigantes. Unos pocos se referían a ellos como Titanes, aunque el nombre era visto con cierto desdén en los círculos académicos.

El auge de Camlos Tor como mundo predominante se produjo en los días del dominio de los Cinco Mayores. Las Cinco Grandes Especies que gobernaron la galaxia hace milenios y que la dejaron atrás, desapareciendo unos de formas misteriosas y otros presumiblemente ascendiendo a un nuevo plano de existencia dentro del Nexo. Solo los Eldara permanecían en la galaxia, nominalmente.

Los Cinco Mayores nunca conformaron un gobierno galáctico unificado. Cada especie contaba con sus propios sistemas y dominios. Los conflictos habían sido habituales en el pasado, así como las continuas pérdidas y expansiones de territorio e influencia sobre especies consideradas "menores".

Pero con el tiempo aprendieron a valorar la cooperación y diplomacia antes que el conflicto abierto, por múltiples razones internas y externas. Camlos Tor no fue una capital de un gobierno unificado, pero se convirtió en el centro neurálgico de una compleja red dedicada a la diplomacia y al comercio entre las grandes civilizaciones.

Los asentamientos urbanos en la superficie se expandieron de forma progresiva y constante. No existía una cronología clara, pero para cuando el Concilio lo tomó como base para su unificación galáctica Camlos Tor ya era un mundo urbano casi en su totalidad.

Con el establecimiento del Concilio se produjo una profunda y paulatina aunque lenta transformación a un mundo enfocado exclusivamente a los servicios, tanto diplomáticos y administrativos como de índole más lúdica. La pura industria prácticamente desapareció del planeta, quedando algunos complejos mineros y de producción relegados a las lunas gemelas del planeta o a otros mundos del sistema.

Camlos Tor pasó a ser un centro para la residencia de todos los senadores y sus familias, sus empleados, personal de seguridad, empresarios y representantes corporativos, embajadores de los mundos y sistemas aún ajenos al Concilio, visitantes temporales y residentes adinerados. Un mundo de lujos e intrigas, una ciudad continua sin periferias ni barrios bajos. Una máscara perfecta para la unidad galáctica, ocultando todas sus imperfecciones a las que dejaban medrar en otros mundos.

Pese a ello, describir Camlos Tor como un planeta-ciudad seguía siendo una simplificación. Tanto el Concilio como sus predecesores habían mantenido el buen juicio suficiente para que, aún siendo un mundo muy dependiente de recursos externos, Camlos Tor mantuviese algunas áreas naturales.

Un océano de tamaño medio había sido conservado en el hemisferio sur, así como abundantes áreas verdes que salpicaban de color el entorno urbano que cubría la superficie de todo el planeta.  Desde parques de razonable tamaño hasta un par de enormes extensiones de varios miles de kilómetros cuadrados que actuaban como pulmones para el planeta y refugio para la biosfera nativa de flora y fauna.

Uno de dichos parques eran los Jardines de Concordia. Con unos dieciocho kilómetros cuadrados y un pequeño lago central, era un área natural muy concurrida dada su posición adyacente a la Sede Senatorial, una estructura piramidal de tal envergadura que podía apreciarse desde el espacio. 

Paseos, rutas de senderismo, actividades artísticas... cuando el buen tiempo acompañaba (y en un mundo con sistemas de alteración climática artificial eso solía ser lo habitual) los Jardines de Concordia tendían a contar con miles de visitantes de toda índole.

Los diplomáticos usaban el parque para reuniones y charlas informales, acuerdos improvisados y prácticas más clandestinas. Era también un centro de reunión habitual para atletas de todas las especies, y las familias de los residentes y trabajadores lo visitaban con asiduidad. Áreas de juegos y actividades en el corazón del parque rebosaban con el sonido de la risa de los más pequeños, jugando bajo la atenta mirada de progenitores o cuidadores.

Era, en resumen, una zona idílica en el corazón del área más urbana del planeta, una joya verde rodeada por rascacielos, con la masiva pirámide Senatorial coronando uno de sus extremos como un gigantesco monte artificial.

Verde eran también las volutas de energía que comenzaron a girar en el aire, sobre el pequeño lago central. 

Unos pocos visitantes cercanos, sobre todo aquellos que estaban haciendo uso de la pequeña playa fluvial interior, se percataron de su aparición sin saber exactamente qué estaban presenciando.

Para cuando lo hicieron, el portal ya estaba plenamente formado, y los chirridos de la infestación garmoga no tardaron en ensordecer a los primeros gritos de pánico en el corazón de la civilización galáctica.

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