martes, 24 de agosto de 2021

042 SINERGIA

 

"Señorita Alcaudón, tengo entendido que me estaban buscando..."

La voz de Legarias Bacta sonaba cargada de nefasta autoconfianza. La voz de un cobarde de carácter ruin que de repente se sabía con una mano ganadora.

Meredith había oído muchas voces así en incontables ocasiones a lo largo de su vida y de su carrera. Sabía que dicho tono era poco menos que un preludio para algún ejercicio de poder o declaración de sádica superioridad que podría acabar con ella o Tobal Vastra-Oth muertos.

Así que Meredith Alcaudón no se dignó a dar una respuesta verbal al supervisor de los operativos que había estado cazando las últimas semanas y que había conseguido dar la vuelta a la situación en el último momento.

Lo que hizo fue agarrar el rifle del guarda que Tobal había tomado anteriormente y llevado consigo hasta ese momento y abrir fuego indiscriminadamente contra su oponente blindado.

El rifle era un modelo estándar pesado de proyectiles acelerados. Para una mujer de su tamaño no era fácil usarlo con precisión, pero en aquel momento solo necesitaba fuego de cobertura. No causaría daños serios a la mecha-armadura de Bacta salvo que tuviese muchísima suerte, pero incluso el cristal blindado que cubría la cara del piloto podría sufrir daños menores ante un arma de aquel calibre.

Y aunque no causase ni un rasguño, incluso entre los individuos más entrenados el recibir impactos de fuego dirigidos a tu rostro por cubierto que estés puede causar una reacción. Dicho razonamiento se probó acertado cuando Bacta alzó los brazos de su armadura mecánica en un amago de obtener más cobertura.

Al tiempo que abría fuego, Meredith se las apañó, con un poco de ayuda de su telequinesis tirando de botones de la ropa y cremalleras, para alzar a Tobal y arrastrarlo consigo hasta detrás de los contenedores metálicos más cercanos.

Fue algo por los pelos. En el momento en que dejó de disparar para agarrar mejor al enorme angamot y lanzarse con un salto tras el contenedor, Bacta lanzó otro misil que los pasó rozando, reventando la parte posterior del hangar y bloqueando el acceso por el que habían entrado.

Dicho acto también volatilizó al operativo noqueado por Tobal, pero a Bacta no pareció importarle lo más mínimo.

"Me ha costado muchos recursos, señorita Alcaudón", dijo Bacta, "Y además ha tenido la pretensión de intentar cazarme ¿Cree que haciéndose conmigo podría obtener algo útil contra mi organización?"

"Sé que dentro de los operativos eres solo un engranaje más, Bacta", replicó Meredith, "Pero basta con joder un engranaje para comprometer toda la maquinaría."

La única respuesta que recibió fue una salva de disparos. El brazo izquierdo de la mecha-armadura contenía un cañón rotatorio de descargas de energía plasmática. Pulsos de luz roja iluminaron el aire, agujereando partes de los contenedores tras los que se cubrían.

Meredith se arrojó al suelo y pudo ver los disparos pasando por encima de ella, atravesando el metal que usaban de escudo como si fuese mantequilla. Lo único bueno de todo aquello es que Bacta parecía tener una malísima puntería o, quizá lo más seguro, estuviese poco familiarizado con los controles de aquellas viejas armaduras de combate. Casi toda su potencia de fuego se estaba concentrando a media y gran altura, dejando sin tocar el suelo y las partes más inferiores de los contenedores tras los que se cubrían la mujer humana y su compañero angamot inconsciente.

Los trajes-mecha habían caído en desuso por su lentitud, su enorme envergadura y toda una cantidad de problemas mecánicos y logísticos a la hora de hacer frente a los garmoga. Pero aún eran terriblemente efectivos contra individuos de otras razas por lo que habían encontrado un hueco en el mercado negro y en círculos criminales.

Otro punto más o menos positivo de aquella oleada de disparos de Bacta fue que Tobal Vastra-Oth recobró el conocimiento. 

El angamot estuvo a punto de sentarse con un sobresalto, pero Meredith se las apañó para mantenerlo tumbado en el suelo y evitar que se convirtiese en uno de esos quesos con agujeros que solo había visto en holo-videos y fotografías.

"¿Q... qué ha...?"

"Bacta tiene un mecha militar pilotable", explicó Meredith susurrando, "No te levantes del suelo y arrástrate hasta el otro extremo de este montón de contenedores."

Tobal asintió. Viejos instintos de su pasado militar afloraron sin dificultad y procedió a desplazarse hacia el área menos afectada por los disparos de Bacta.

"Si sigue disparando a ese ritmo sufrirá un recalentamiento", dijo.

"No tendremos tanta suerte", respondió Meredith.

Casi como si los estuviera escuchando, Bacta cesó de disparar en ese preciso momento. El mecha comenzó a avanzar hacia los contenedores, con pasos lentos y torpes. Aunque solo podía oírlo y no verlo, Meredith dedujo que aquello probaba que Bacta tenía problemas dirigiendo al cacharro. Aún con la lentitud inherente de aquel modelo de mecha-armadura, Bacta parecía tener dificultades para dar más de dos pasos seguidos o no tener que redirigir su posicionamiento.

Sus gruñidos de creciente frustración lo confirmaban.

"¿Tienes alguna idea para lidiar con esa cosa?", susurró Tobal, "Porque lo que soy yo solo podría hacer algo con armamento pesado, y ni con esas habría garantías."

"No puedo usar la tecnopatía al estilo habitual. Es una máquina vieja y tozuda, y está llena de partes aún más viejas y tozudas con sus propios fantasmas", explicó Meredith, "Necesitaría mucho tiempo, mucha concentración y puede que hasta contacto directo para convencer a todas las partes. No, tendré que hacer algo menos sutil y más de fuerza bruta..."

"¿Me atrevo a preguntar?"

"Si sale bien... bueno, viviremos para contarlo. Eso es lo importante. Ahora, ¿ves los otros contenedores a nuestra izquierda?"

Tobal asintió. Desde donde estaban había a unos pocos metros otro grupo de contenedores metálicos de tamaño algo menor, pero suficiente para cubrirse. El problema sería atravesar el área al descubierto entre ambos.

Bacta abrió fuego de nuevo, convirtiendo la parte superior de la cobertura sobre ellos en una colección de agujeros incandescentes. Otro misil voló por encima de sus cabezas y se estrelló en el techo a unos metros de su posición, dejando caer abundantes escombros que por suerte no los alcanzaron.

"¿Aún puedes generar un escudo?", preguntó Meredith, alzando la voz sobre el ruido.

Tobal asintió, con el ceño fruncido, "Creo que sí, pero solo uno individual, no creo que..."

Meredith lo interrumpió poniendo el rifle en sus manos, "Es suficiente. Cúbrete y corre hacia los otros contenedores atrayendo la atención de Bacta. Apunta si puedes a las áreas entre las articulaciones en que los brazos se ensamblan con el torso y la cobertura de cristal del piloto. Hay sensores de apuntado y temperatura ahí que lo desorientarán si reciben impactos."

"Señorita Alca... Meredith, ¿qué es lo que vas a hacer?"

"Algo que solo hice en una ocasión y me dejó una semana en coma. Así que esperemos que me salga mejor esta vez ¡Ahora, ve!"

Tobal asintió. Glifos y runas flotantes aparecieron sobre él con un parpadeo y un resplandor dorado transparente recubrió su cuerpo. El angamot se alzó y lanzó a la carrera hacia el otro punto de cobertura, atrayendo inmediatamente la atención de Bacta. Disparó, intentando atinar en las áreas que había descrito Meredith, pero no fue fácil. El correr y los impactos de los disparos de plasma contra su escudo lo desequilibraban.

Simultáneamente, Meredith salió de la cobertura por el otro extremo de los contenedores apilados. Pudo ver a Tobal poniéndose a salvo. Pero lo más importante, pudo ver a Bacta distraído. Comenzó a correr hacia él, amplificando su tecnopatía al máximo y concentrando su telequinesis.

La telequinesis de Meredith Alcaudón estaba categorizada como un grado 1. Especializada en la manipulación de objetos de pequeño tamaño o masa reducida. Era algo de lo que había aprendido a sacar provecho, afinando su capacidad de control en el mundo de lo muy pequeño a niveles insospechados, y también como herramienta para ser subestimada por sus oponentes. 

Pero dicha categorización no era una limitación propiamente dicha. Meredith podía ir más allá de lo estipulado como las barreras del grado 1, pero habría consecuencias.

Un aura blanca comenzó a envolverla al tiempo que corría hacia Bacta. Sus ojos brillaron con el mismo resplandor. Su telequinesis y tecnopatía entraron en sinergia.

Legarias Bacta notó que algo iba mal cuando su flujo de disparo se cortó antes de tiempo, como si el cañón giratorio del brazo izquierdo de su mecha se hubiese encasquillado. Inmediatamente tras ello, un chirrido metálico llegó a sus oídos. 

El gobbore giró su cabeza dentro del habitáculo de pilotaje y pudo ver como todo el brazo izquierdo de su armadura se desmantelaba. Tornillos y ensamblajes soltándose, las coberturas de metal rajándose por puntos de soldadura, piezas de articulación internas separándose, los cañones y sistemas de armamento desmontándose...

Sucedió en segundos que parecieron durar una eternidad.

Meredith Alcaudón, envuelta en un aura telequinética y con su tecnopatía gritando órdenes a toda pieza del mecha de Bacta, flotaba sobre éste.

El brillo en sus ojos parecía iluminar su rostro y el interior de su cabeza de forma casi incandescente, dejando entrever la silueta de su cráneo bajo la piel. Un río de sangre caía de su nariz y las venas en su frente y cuello parecían hinchadas. Todos sus músculos aparecían también visiblemente tensados por el esfuerzo.

Todas y cada una de las piezas desgajadas del brazo izquierdo del mecha volaron por el aire, reajustándose y fundiéndose en nuevas formas, hacia la figura flotante de Alcaudón. Meredith había levantado su brazo izquierdo y las restos de metal comenzaron a envolverlo, ajustándose en torno a su extremidad como una reconstrucción más tosca y temporal del enorme brazo mecánico que habían sido antes.

Bacta había girado sobre sí mismo, intentando disparar un misil desde el lanzador de su otro brazo aún intacto, pero la tecnopatía de Meredith jugó en su contra. El arma detonó en el cañón del brazo derecho del mecha, reventándolo y agrietando el cristal de protección que cubría al gobbore. Escudada por su aura telequinética, Meredith apenas notó la explosión concentrada.

Bacta no tuvo tiempo de gritar o quejarse tras perder no solo el brazo derecho de su mecha sino también parte de su propio brazo derecho, pues en ese instante Meredith cayó sobre él, golpeando con su extremidad blindada reconstruida telequinéticamente. El impacto quebró el cristal de protección del módulo de pilotaje e impactó de lleno al supervisor de los operativos en su rostro.

Legarias Bacta se hundió en la oscuridad de la inconsciencia, con un hocico roto y un brazo dañado sin remedio. Su mecha-armadura cayó de espaldas, con Meredith Alcaudón quedando de pie sobre ella.

La luz de su aura comenzó a disiparse, sus ojos retornaron a su aspecto habitual, y la concentración de piezas de metal que envolvía su brazo izquierdo se desmanteló de nuevo, cayendo en pedazos.

Lo único que rompió el recuperado silencio eran sus jadeos entrecortados, y la voz queda de Tobal Vastra-Oth al salir de detrás de los contenedores, con expresión de asombro.

"Por todos los Ancestros..."

"Tobal", dijo Meredith. Su voz sonaba apagada y rasposa, como si hubiera estado gritando.

"¿Meredith?"

"Vas a sacar a Bacta de ahí dentro... vamos a coger esta lanzadera suya y dejar este planeta de una vez, esquivando a los garmoga y... oh, me temo tendrás que hacerlo todo tú..."

Se quedó callada un momento, llevándose una mano a la sien. Frunció el ceño en una mueca de dolor y cuando habló de nuevo su voz sonó incluso más quejumbrosa que antes.

"Porque yo voy a desmayarme ahora mismo."

Y así fue.

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