domingo, 9 de octubre de 2022

088 DÍA PRIMERO (II)

 

Los Riders y sus Dhars estaban acostumbrados a encontrarse con el riesgo de lo inesperado al salir del hiperespacio.

Hace siglo y medio, en sus primeros días con el lazo entre Rider y Dhar aún recién establecido, el primer ensayo de viaje interestelar haciendo uso de las draconianas bestias se saldó con Armyos emergiendo del hiperespacio antes de tiempo, colisionando con una luna de un sistema planetario no habitado e iniciando una reacción en cadena que remató con la fragmentación del satélite.

En una ocasión la salida y materialización del hiperespacio se produjo en el corazón de una flotilla comercial. Por suerte no se produjeron daños serios gracias a la rapidez de reflejos de los Riders, pero la situación supuso una pequeña pesadilla logística por un tiempo.

Una carrera de Antos y Avra haciendo uso del hiperespacio para recorrer rutas de navegación secundarias remató con ambos emergiendo de golpe en medio de un enjambre garmoga, en tránsito en medio de ninguna parte y lejos de cualquier área segura. Se las apañaron lo suficientemente bien para llevarse por delante a buena parte de los engendros y escabullirse antes de que la situación se descontrolase más de lo que ya estaba.

Encontronazos similares con más garmoga se produjeron ocasionalmente al entrar en área de infestación que esperaban la intervención de los Riders.

Y luego está el caso de Antos y el aterrizaje forzoso en la estación de recreo de Mastorica, pero nadie quiere hablar de eso.

La cuestión es que salir del hiperespacio para terminar de lleno en el corazón de un ataque o en medio de una situación imprevista no era nada nuevo para la familia Aster. Por eso en el preciso instante en que abandonaron el hiperespacio, con los restos de energía aún envolviendo los cuerpos de sus Dhars, ninguno de los cinco Riders bajó la guardia manteniendo sus sentidos y reflejos afinados al máximo.

Eso les permitió evitar, con una rapidez de vértigo, el recibir el impacto directo de un enorme haz de energía escarlata iluminando la oscuridad del espacio en el sistema C-606 en el que acababan de entrar.

"¿¡Qué demonios ha sido eso!?", exclamó Avra desde el interior de Tempestas. Aún pronunciando las palabras en voz alta, el pensamiento de las mismas se transmitió inmediatamente a los demás como un mensaje instantáneo.

"Eso", dijo Athea. Y siguiendo a sus palabras, la atención de los Riders se centró en aquello que había disparado contra ellos.

De lo que había sido la estación Iris, construida como centro de monitorización a distancias interestelares para el control de movimientos de enjambres garmoga, apenas quedaba nada. Toda la infraestructura estaba cubierta por formaciones cristalinas negras y grises de aspecto quebradizo entrelazadas entre sí. Un conjunto de formas angulosas y afiladas que otorgaban un grotesco aspecto de flor espinosa a toda la construcción, con un ojo ardiendo con un resplandor rojo en su centro donde otrora estaba la lente de vigilancia de la estación original.

Emitía destellos de energía y derramaba un plasma escarlata que flotaba en la ingravidez del espacio, formando corpúsculos carmesí a su alrededor.

"Parece que se está preparando para otra descarga", observó Armyos.

"¿Cómo demonios sabían que íbamos a aparecer justo aquí?", preguntó Avra.

"El Iris tenía sensores con la capacidad para detectar movimientos en el hiperespacio en rutas de proximidad", explicó Athea.

"Así que al canibalizar la estación las Esquirlas se han quedado con las habilidades que les servían", dijo Antos.

"Han hecho más que eso", indicó Alma, "Mirad la parte inferior"

En realidad no podría hablarse de que hubiese un arriba y un abajo en el espacio, pero desde el posicionamiento en que se encontraban los Riders, su punto de vista parecía mostrar como desde la parte inferior de la antigua estación Iris se extendía un apéndice prolongado. Un cable cristalino y retorcido que descendía hasta el planeta cercando, atravesando su atmósfera hasta llegar a la superficie del mundo.

Una superficie que lucía oscura y negra, sin rastros de la variedad geográfica que debería apreciarse.

"Athea", dijo Alma, "Reconocimiento. Y mantén distancias, no arriesgues contacto. Nosotros veremos qué hacer con la antigua estación."

Athea Aster asintió en el interior de su silla-módulo transmitiendo el gesto de afirmación a su hermana a través del lazo psíquico que las unía. Acto seguido, la Rider Black dio la orden y Sarkha, su Dhar Komai, se precipitó hacia el planeta a una velocidad que rozaba lo sublumínico, dejando un rastro ardiente al atravesar la atmósfera.

Athea pudo ver tanto a través de sus propios sentidos como a través de los de su Dhar, junto con la información recogida en los sensores de su silla-módulo en el lomo de Sarkha. Y lo que vio resultó sobrecogedor.

El principal planeta orbitando en torno a C-606 era un mundo deshabitado pero no carente de vida. Formas de vida vegetales, hongos y primitivos organismos animales conformaban un ecosistema naciente que en unos millones de años podría haber visto nacer formas de vida más complejas. Era un mundo de montañas y cordilleras, de valles, ríos y mares. De colores verdes, rojos y azules.

Ahora solo quedaba el gris y el negro de la masa de cristal orgánico que asfixiaba su superficie como una costra grotesca. Lo peor eran las partes en las que no aparentaba una rígida solidez y la superficie parecía moverse y palpitar como siguiendo el ritmo de una trabajosa respiración. Entre todo el negro y gris resaltaban ocasionales parcelas de color, círculos rojos de los que emanaban vapores extraños.

Sarkha y Athea sobrevolaron todo un hemisferio a gran velocidad, manteniendo sus distancias pero acercándose lo suficiente para poder apreciar que se trataba de enormes pozos. Un líquido rojo y luminiscente descansaba en su fondo, como  sangre o magma fundido. Y de esa masa primordial emergían de forma continua las figuras que hormigueaban a lo largo y ancho de todas las grietas del planeta. Esquirlas, de cristal negro y forma perfecta, recién nacidas.

La Rider Black se concentró, pero decidió no transmitir la información aún a sus hermanas y hermanos. El vello en su nuca se erizó bajo su armadura y por puro instinto alzo el vuelo con Sarkha, esquivando otra emisión de energía similar a la que los había recibido al llegar.

El Dhar Komai negro se giró levemente en su ascenso, y a través de sus ojos Athea pudo ver como lo que parecía una montaña se asemejaba más a una forma piramidal a medio construir, como si estuviese emergiendo del suelo. El cristal en torno a ella reverberaba y se moldeaba casi como un líquido.

En su centro, una fisura en su oscura superficie brillaba con un resplandor carmesí, aún con restos de energía del disparo realizado rezumando como coágulos de poder.

 

******

 

La transformada estación Iris disparó de nuevo cuando los Dhars se dirigieron hacia ella de forma directa. A pesar de la velocidad con que la descarga energética fue emitida no supuso dificultad alguna para los Riders y sus draconianas monturas el esquivarla.

"Pienso que ese tipo de ataque está más pensado para grandes concentraciones de enemigos o para objetivos planetarios", dijo Armyos, "Y no parece que cuente con ninguna otra capacidad de ataque."

"Mejor para nosotros", dijo Alma, "Vamos a comprobar cuanto aguanta esa cosa."

Solarys se detuvo, y tras arquear su espalda, la gigantesca Dhar estiró su cuello abriendo su boca. Emitió una continua llamarada de plasma rojo que voló hasta impactar con uno de los brazos cristalinos de la corrompida estación espacial. El cristal no se quebró totalmente, pero grietas incandescentes dejaron marcada su superficie.

"¿Cuánto poder habéis puesto en eso?", preguntó Antos.

"Solo un poco menos de la mitad", respondió Alma, "Esa cosa es dura, pero si vamos a por todas no deberíamos tardar mucho."

"Hum... tenemos compañía", dijo Armyos, "Parece que hay multitud de formas de escaso tamaño saliendo de esa cosa."

"Esquirlas", observó Alma, "Parece que pueden desplazarse por el vacío del espacio, aunque son mucho más lentas que los garm..."

De repente, multitud de chispazos de luz blanca se produjeron en la distancia cerca de la estación para acto seguido reproducirse justo ante los Dhars. Cientos de Esquirlas surgieron de la nada en destellos de pálida luz flotando hacia los Dhars como mortales proyectiles.

Solarys retrocedió, siendo la más adelantada. Haces de fuego cruzado  de Volvaugr y Tempestas ocuparon su espacio alcanzando de lleno a múltiples de las Esquirlas.

"¡Joder, olvidaba que pueden teleportarse!", exclamó Avra.

"Siguen teniendo una capacidad de maniobra nula en el espacio", dijo Alma al tiempo que Solarys emitía una oleada de llamas que dio cuenta de otro buen número de Esquirlas. Otras pocas parpadearon de nuevo en luz blanca, materializándose a espaldas del grupo de Dhars...

... donde fueron recibidos por una descarga de energía emitida por la cola de Adavante, el Dhar Komai de Rider Purple.

"Pero son unos cabrones astutos", dijo Antos, "Manteneos alerta y no dejéis que toquen a vuestro Dhar, aún recuerdo lo que me hicieron en el brazo."

"¡Aaaagh, a la mierda!", exclamó Avra. Tempestas emitió un rugido y el Dhar azulado salió disparado contra la estación Iris, envuelto en una nube de energía celeste y relámpagos generados por su propio cuerpo.

"¡Avra! No... sigh, no sé ni para que me molesto", suspiró Alma.

"Mejor ir a por la estación, luego ya limpiaremos restos de Esquirlas rezagadas", sugirió Armyos.

Solarys rugió volando tras Tempestas. Volvaugr y Adavante la siguieron. Las tres bestias cargaron sus cuerpos con energía y dispararon tres haces de plasma concentrado antes de acercarse.

Los rayos candentes de color rojo, naranja y púrpura adelantaron a Tempestas, haciendo que el Dhar azul se frenase de golpe para irritación de su Rider.

"¡Eh!", gritó Avra, "¡Eso no vale!"

Antes de que pudiese decir o hacer nada más, una nueva descarga de poder surgió del planeta. Envuelta en una masa de energía oscura, la figura de Sarkha se lanzó de lleno contra la estación Iris, atravesándola a través de su ojo escarlata. La energía liberada estalló en una onda expansiva de poder liberado, fragmentando todo el constructo cristalino y esparciendo sus restos a lo largo de la órbita del planeta. El cordón que la unía con la superficie del mundo bajo ella comenzó a quebrarse.

"¿Athea?", preguntó Alma ignorando los improperios emitidos por Avra, "No me voy a quejar de un trabajo bien hecho, pero eso ha sido un poco..."

"No tenemos tiempo", replicó la Rider Black, "Un aura de energía sirve de escudo al contacto directo y no podía permitir que esa cosa nos distrajese más. La situación en la superficie es preocupante."

"¿Qué está pasando ahí abajo?", preguntó Antos.

"Toda la superficie del planeta está cubierta. Las Esquirlas están tomando la biomasa para generar más de sí mismas y otros constructos. Sarkha y yo solo hemos visto una a medio formar, pero apostaría que en múltiples localizaciones de la superficie se están formando más de esos constructos piramidales."

"¿Todo el planeta está comprometido?", preguntó Alma al tiempo que Solarys volatilizaba a unas pocas esquirlas que intentaban flotar hacia ellas en el vacio.

"Todo el planeta. Y diría que más allá de la superficie"

Alma calló por un momento, sopesando su próxima decisión.

"Si no queda ninguna forma de vida que preservar y ese sitio se ha convertido en una factoría para el enemigo..."

La Rider Red frunció el ceño bajo su casco. Los demás supieron enseguida la razón de dicha incomodidad y lo que su hermana iba a ordenar. No era una elección nunca tomada a la ligera.

Iban a volar un planeta entero.

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