viernes, 30 de julio de 2021

036 ALGO NUEVO

 

Nunca pensaron que algo así pudiese suceder en Camlos Tor, no realmente. En retrospectiva, deberían haber asumido que ningún rincón de la galaxia estaba a salvo de los garmoga, sobre todo tras la revelación en Calethea de su acceso a portales.

Pero pese a ello, Camlos Tor seguía pareciendo intocable. El centro de la galaxia, la joya brillante de la civilización. Algo así no podía suceder en un lugar como éste ¿verdad?

Tar-Sora dio gracias a los espíritus de los antepasados por que los responsables de seguridad no habían sido tan cortos de miras.

La agente del OSC había regresado a la capital galáctica tras finalizar sus labores en Cias el día anterior, solo unas horas antes de que el portal garmoga se abriese en los Jardines de Concordia. Se encontraba en los departamentos de seguridad de la Sede Senatorial cuando las alarmas comenzaron a sonar de forma estridente.

Los sistemas de seguridad automática del edificio constataron la presencia garmoga incluso antes de que el ZiZ en órbita lo hiciese. Eso salvó las vidas de la mayoría de los que se encontraban en aquel momento en el interior de la pirámide cuando los escudos de energía de esta se activaron en cuestión de segundos. Algunos drones garmoga habían conseguido cruzar la barrera antes de que se cerrase, pero los cañones de defensa y el personal de seguridad habían conseguido dar buena cuenta de ellos.

Pese a ello, se trataba de un respiro temporal. Tar-Sora lo sabía muy bien cuando se le asignaron labores de emergencia de coordinación en el ala este del Senado. La sala de control era un caos ordenado de técnicos, agentes del OSC y cuerpos de seguridad. Tar-Sora reunió la fuerza de voluntad necesaria para que su voz no temblase con nerviosismo y miedo cuando se dirigió a uno de los técnicos de monitorización.

"¿Cual es la situación?", preguntó.

El técnico era un eldrea en el tercer ciclo vital de su especie. Su cuerpo insectoide apenas antropomórfico estaba acomodado en una silla especial. Giró su cuello ciento ochenta grados para fijar sus ojos segmentados en Tar-Sora al responder con una voz mecánica surgida del dispositivo situado en su cuello, que permitía una traducción fonética y adaptación a frecuencias sonoras determinadas de un lenguaje que de otra forma habría sido imperceptible para la mayoría de especies de la galaxia, "Bueno, señora, tenemos malas y peores noticias, pero está todo resultando extrañamente... manejable para ser un desastre de proporciones imprevistas."

El eldrea uso sus dos brazos principales para extender un plano holográfico en el monitor frente a ellos. Tar-Sora entendió al instante a qué se refería.

Los garmoga se estaban extendiendo, pero de forma mucho más lenta de lo usual. La mayoría seguían concentrados dentro del entorno de los Jardines y rodeando la Sede Senatorial, pero el resto de calles y accesos adyacentes, las embajadas y las áreas de servicio del resto del distrito apenas habían sido tocadas. Había presencia garmoga, si, pero la infestación parecía concentrada y no interesada en cubrir la mayor capacidad de superficie planetaria como en otros casos.

"Además de eso", explicó el técnico, "Su ritmo de entrada parece mantenerse continuo pero ralentizado. Entran tantos garmoga como caen ante nuestras defensas, pero no más. Y desde hace ya un buen rato..."

"Centuriones", continuó Tar-Sora, "Están entrando mayormente centuriones, no los enjambres masivos de drones de los casos de Calethea y Cias."

"Están centrándose en atacar el ala sur de la pirámide, frente a los Jardines. Aunque han rodeado el resto de la escultura y tantean el escudo de forma continua. Algunos de los drones más grandes han conseguido cruzarlo pese a sufrir daños..."

"Así marcan que puntos de acceso son más débiles, es una cuestión de desgaste ¿Cuál es la situación de los tecnomagos?"

Detrás de ella otro de los técnicos, una joven ithunamoi, alzó la voz para hacerse oír entre toda la ruidosa actividad de la sala, "El último aviso indicaba que están preparando una segunda barrera mágica para reforzar el escudo."

Un agente de seguridad se situó junto a Tar-Sora y saludó con formalidad militar. Era un joven vas andartes. Como todos los miembros de su especie era de gran altura, casi tanto como Tar-Sora, pero mucho más esbelto. Pero la delgadez de las extremidades de su gente ocultaba una fuerza física que había pillado por sorpresa a oponentes de otros mundos en el pasado más de una vez.

"Los miembros del Senado presentes han sido traslados a los subterráneos para su evacuación a través del túnel de seguridad una vez se garantice la viabilidad", explicó, "Hemos recibido informes contradictorios de las embajadas en el exterior. Algunos han hecho uso de sus cuerpos de seguridad privados para organizar rutas de evacuación propias y para la población civil más cercana, pero otros permanecen en silencio, señora."

Tar-Sora asintió, "¿Cuál es la situación en órbita?"

"Las fuerzas de la flota están en proceso de descenso y..."

"¡Señora!", interrumpió el técnico eldrea con un tono de voz artificialmente jubiloso, "Los sensores orbitales han... ¡Son ellos!"

Las imágenes proyectadas en los holovisores se centraron en el cielo de Camlos Tor donde el sol brillaba sobre la capital. Su luz blanca de repente competía con cuatro destellos de color que caían desde lo más alto.

Los Riders...  ¡por fin!, pensó Tar-Sora, Pero solo cuatro de ellos...

A pesar de eso, se permitió una sonrisa en su hocico reptiliano. Con los garmoga tan concentrados en un área específica y sin haberse expandido ni generado sus números habituales no sería difícil para los Riders y los Dhar Komai dar buena cuenta de ellos ¿no? Resultaba hasta demasiado sencillo.

Una sensación fría recorrió el espinazo de Tar-Sora cuando una idea aparentemente sin sentido alguno pero extrañamente plausible se abrió paso a través de sus pensamientos.

Es un cebo. Los garmoga buscan atacar el Senado, sí, pero su presencia concentrada es también un cebo, pensó.

Los garmoga querían a los Riders en aquel punto exacto.

 

******

 

En otras circunstancias Avra Aster habría gritado de júbilo al dejarse caer desde altura orbital sobre un montón de garmoga, pero lo sucedido las últimas horas le había dejado un regusto amargo respecto a toda la situación. Por eso se mantuvo en silencio y escuchando con atención a Armyos mientras descendían con sus Dhars.

"Los garmoga están muy concentrados frente al Senado", explicó Rider Orange, "Volvaugr y Tempestas se ocuparán de purgar el área con descargas de plasma. Flujo controlado, intentaremos reducir los daños estructurales ya que el área aún está en proceso de evacuación. Athea, haz que Sarkha controle todo el perímetro, que frene cualquier intento de expansión.  Adavante rodeará con un círculo de fuego la zona inmediata en torno al portal, purgándola."

"Asumo que nosotros saltaremos y nos ocuparemos de cubrir los lados de la pirámide", dijo Antos.

"Exacto, debemos dar un respiro a sus defensas", replicó Armyos, "Pero mantén presente tu lazo con Adavante. En cuanto veas a través de él la posibilidad de acceder al área del portal sin ser abrumado por el enemigo, quiero que pongas en práctica tu plan para cerrarlo lo más pronto posible."

"Esto está hecho, intrépido líder suplente."

"Sigh... por ello tu cubrirás el ala sur de la pirámide, la más cercana al portal."

"Es también la de presencia más virulenta de los garmoga."

"También es la que tiene la defensa más concentrada del edificio", dijo Avra, "Estarás bien."

"Avra, tu cubrirás el ala norte. Athea, el ala este y yo el oeste. Golpead rápido, golpead fuerte y liberad la faz de este mundo de su presencia. Entraremos en liza con un Destello ¡Vamos allá!"

Con los Dhar Komai descendiendo en vertical, los Riders emergieron de sus sillas-módulo, saltando al aire. Al instante sus cuerpos brillaron con la misma luz que conformaba sus uniformes y sus figuras se desvanecieron...

...para reaparecer en la superficie, en el centro de las masas de drones garmoga concentrados en torno a la Sede Senatorial. Las explosiones de energía del teletransporte, restos residuales de la aceleración de masa de sus caídas orbitales, se llevaron por delante a todos los engendros inmediatamente más cercanos a cada uno de los Riders.

Los Dhar Komai por su parte no tardaron en intervenir. Sarkha comenzó a volar a gran velocidad rodeando el perímetro de la infestación, siempre vigilante, usando su menor envergadura y maniobrabilidad para controlar zonas que se habrían escapado a sus congéneres de mayor tamaño. Adavante rodeó con un anillo de fuego púrpura el área en torno al portal, al tiempo que Volvaugr y Tempestas purgaban lo poco que quedaba de los Jardines de Concordia ya consumidos por los garmoga. Nubes de fuego y plasma azul y naranja bañaron el lugar.

En el ala este de la pirámide, una nube de energía negra explosiva marcó la llegada de Athea Aster, Rider Black. Apenas tomada tierra materializó su arco, Saggitas, y disparó al aire cientos de flechas de energía que se disgregaron, multiplicando su número antes de caer de nuevo como una lluvia mortífera sobre los drones y centuriones garmoga que asediaban la pirámide.

Al resplandor de luz naranja de la llegada al ala oeste de Armyos Aster, Rider Orange, lo siguió el golpear de su martillo Mjolnija contra el suelo con un retumbar atronador. Columnas de electricidad anaranjada emergieron desde la superficie hasta los cielos, llevándose por delante a cientos de drones.

En el ala sur, al fuego de los cañones de defensa del Senado se unió la presencia de Antos Aster, Rider Purple. Tras disiparse la energía expansiva de su llegada, Antos materializó y tomó su lanza Gebolga. En vez de lanzarla y replicarla de nuevo en sus manos repetidas veces optó por sujetarla proyectando una emisión de energía desde la punta de la lanza, como si esta se hubiese extendido usándola para segar a la masa de enemigos frente a él.

En el ala norte Avra Aster, Rider Blue, había usado inicialmente una técnica similar con su espadón Durande. Extendiendo la hoja de la espada de energía hasta que esta tuvo varias decenas de metros de longitud, cortando por lo sano a un gran número de garmoga de una tajada. De todas formas, Avra siempre había preferido una aproximación más cercana al enemigo, y los dioses sabían que quería desahogarse.

Por ello, la Rider Blue dejó que su arma se disolviese en partículas de luz azul antes de lanzarse de un salto contra el centurión garmoga ileso más cercano con un grito casi animal, agarrarlo por la cabeza y empezar a dar vueltas sobre sí misma a una velocidad asombrosa antes de que el pescuezo del ser se desgajase, saliendo su cuerpo lanzado como un proyectil y quedando su cráneo decapitado en las manos de Avra, salpicándola de un aceite negruzco.

Los drones garmoga retrocedieron, casi como si pudiesen sentir miedo. Varios centuriones garmoga avanzaron a la carrera. Tres de ellos se adelantaron a los demás, sus miembros convertidos en cuchillas y otros instrumentos punzantes, intentando terminar con Rider Blue.

Avra sonrió bajo su casco. Dejó que la energía del nexo fluyese a través de los músculos de sus brazos y piernas y por un instante un ligero resplandor azul pareció envolverla. Todo alrededor de ella parecía moverse más lento, como efecto de sus reflejos y percepción compensando la súbita aceleración de su metabolismo.

Se movió lo suficiente rápido como para que una imagen residual de su figura flotase unos segundos en al aire antes de disolverse, distrayendo a los centuriones. Avra se situó a espaldas de uno de ellos y golpeó con tal fuerza que el torso de la criatura prácticamente se aplanó con un crujido enfermizo antes de salir arrojado por el aire y quedar aplastado contra el escudo de la pirámide, como un insecto sobre el cristal de un vehículo.

A la izquierda de Avra, otro de los centuriones extendió su brazo derecho, convertido en una improvisada lanza cubierta de púas retorcidas. Avra se movió  de forma casi imperceptible, esquivando el golpe y dejando que la extremidad del ser pasase frente a ella, justo antes de agarrarla y dar un fuerte tirón al tiempo que propinaba una patada al centurión.

El centurión salió despedido a varias decenas de metros al tiempo que Avra le arrancó así de cuajo el brazo, que luego arrojó contra la cabeza del tercero de los centuriones garmoga, que visiblemente desorientado por todo lo que estaba sucediendo apenas se había movido o tenido tiempo para reaccionar.

Los drones parecían haber reunido valor y una masa de ellos había tomado vuelto para disponerse a caer sobre la Rider Blue. Avra materializó a Durande de nuevo en sus manos y procedió a golpear en dirección al enemigo. Ondas de energía azul cortante surcaron el aire, dando cuenta de buena parte de los drones y de algún que otro centurión.

Esto está siendo ridículamente fácil, pensó, En esta zona hay mucho menor número que en otras. Seguro que los demás tienen que lidiar con...

Sus pensamientos se interrumpieron cuando percibió por el rabillo del ojo a una figura humanoide moviéndose hacia ella. Avra Aster se giró, dispuesta a encararse ante lo que estaba segura que era otro centurión garmoga.

Pero no tuvo tiempo. La figura fue más rápida y Avra Aster sintió por primera vez en muchas décadas el golpe de un puño sobre su cabeza fuera de las salas de entrenamiento con sus hermanas y hermanos.

Un golpe fuerte. Sintió el dolor en su mejilla, casi como si no hubiese llevado casco. Con cierta alarma se percató de que parte de su visor se había quebrado... y de que sus pies ya no tocaban el suelo.

El puñetazo liberó una onda expansiva y la Rider Blue salió despedida, atravesando la fachada de uno de los edificios de embajadas al otro lado de la calle, varias decenas de metros lejos de la pirámide que debía defender.

Hicieron falta otras dos paredes interiores para parar su avance. Por fortuna parecía que el lugar había sido de los primeros en ser evacuados, y aparte de algún dron garmoga y los daños materiales, el improvisado proyectil humano en que se había convertido Avra Aster no causó más desperfectos.

Avra Aster se incorporó, rodeada de escombros y con el azul de su armadura cubierto de polvo, cemento y agua sucia. Aparte de la grieta en el visor de su casco lo primero que constató fue el dolor en su mandíbula tras sacudir su cabeza intentando al intentar despejarse. Nunca en toda su vida algo la había golpeado tan fuerte. Jamás. No parecía que tuviese la mandíbula rota ni que ninguno de sus dientes hubiese decidido pasar a mejor vida, pero incluso con sus capacidades de recuperación iba a tener un buen moratón e hinchazón en la cara.

Con una mezcla de excitación y algo que se negaba a admitir que fuese miedo, la Rider Blue materializó de nuevo su espadón y salió corriendo al exterior del edificio, a través de la pared que había derrumbado al impactar.

Su atacante estaba allí, en plena calle. Como si la esperase. Avra pudo verle con total claridad y bajo su agrietado visor sus ojos se abrieron alarmados.

A simple vista podría parecer un centurión garmoga, pero era obvio que distinto a los demás. Era mucho más alto que los centuriones comunes, con un cuerpo humanoide bien proporcionado y musculoso. No contaba con extremidades extra, deformidades o restos de implantes biomecánicos y cableado desgarrando su piel metálica. La única excepción era el único ojo rojo, una lente injertada en la carne de un rostro sin rasgos que clavaba su mirada sobre Avra.

Y la piel de su cuerpo, lisa y sin imperfecciones, no presentaba los tonos grises y sucios de sus congéneres.

Era dorada, de un oro puro. Brillante al sol, como la armadura de un caballero legendario.

Avra alzó su arma y se situó en posición de combate, "Últimamente los garmoga estáis llenos de sorpresas ¿no?", dijo intentando controlar su creciente nerviosismo, "Está claro que tu eres algo nuevo"

El ser la miró por unos instantes, y entonces asintió.

"Sí", dijo.

Su voz sonó clara, masculina y firme pero con una frialdad mecánica, articulando las primeras palabras pronunciadas por un garmoga por primera vez desde que hicieron acto de presencia en la galaxia.

"Algo nuevo."

martes, 27 de julio de 2021

035 MOVIMIENTO DE PINZA

 

El proceso de evacuación había comenzado en Pealea en el instante que el sistema ZiZ del planeta hizo sonar las alarmas.

Dada la antelación, estaba siendo algo más ordenado que de costumbre. El pánico inminente se palpaba en el aire, pero era un temor por lo que estaba por venir y no el terror inmediato que habría derivado de estar ya los drones garmoga en la superficie dificultando el proceso de huida de la población.

Aunque algunas personas en Pealea no estaban pensando aún en irse.

"Seguramente vamos a tener solo una oportunidad."

Meredith Alcaudón avanzaba a través de la marea de individuos que inundaba las calles de la capital de Pealea en busca de los centros de evacuación. El cielo estaba inundado de lanzaderas, cargueros y toda clase de transportes. La flota del Concilio era ya visible en las capas superiores de la atmósfera.

Tobal Vastra-Oth caminaba tras ella. Ambos avanzaban en dirección contraria a la masa de gente.

"¿No deberíamos asegurarnos un transporte para la evacuación?"

"¿Quieres cazar a Legarias Bacta o no?", preguntó Meredith.

"Si, pero se acerca una incursión garmoga, no es la mejor de las circunstancias."

"¡Es la mejor circunstancia!", replicó Meredith, "Escuchaste el comunicado ¿no? Han detectado a un enjambre a mucha distancia, hay tiempo de sobra. Seguí rastros múltiples cuando buscaba a ese cabrón y tengo una idea bastante segura de cuál es su posible escondite principal. Y si somos rápidos lo atraparemos antes de tener que preocuparnos por los devoradores cósmicos."

"Espero que no se equivoque, señorita Alcaudón. Quiero vengar a Mantho pero no pagando un precio que me impida reunirme con mi familia..."

"Los individuos como Bacta son como ratas, Tobal ¿Sabes lo qué es una rata?"

"Me temo que no."

"Un animal nativo del mundo de origen de la humanidad. Roedor, pequeño tamaño, supervivientes natos. Se llevaron ejemplares y muestras de ADN en las Naves Jardín de tipo Arca con la esperanza de replicar el viejo ecosistema cuando mi gente abandonó su galaxia original. La gracia es que algunas ratas ya habían abordado las áreas de carga de forma espontánea", explicó Meredith, "Se les da bien eso, encontrar huecos para prosperar. Pero también huelen el peligro y habrían sido las primeras en abandonar las naves si algo fuese mal. Y si hay un momento en que Legarias Bacta bajará la guardia y se hará visible será intentando abandonar Pealea. Afortunadamente para nosotros, esa solo es una parte de su naturaleza..."

"¿Cuál es la otra?", preguntó Tobal.

"Es un cabrón paranoico que forma parte de una organización clandestina de asesinos. Por mucha prisa que tenga dicha rata de abandonar la nave, no lo hará sin asegurarse de que pueda quedar algún rastro sin borrar o alguna huella sin cubrir. Y sabiendo que esta infestación aún va a tardar en empezar..."

"Se confiará, creerá que tiene tiempo de sobra y aún estará en su nido ultimando los preparativos."

Meredith Alcaudón sonrió. Aunque sería más apropiado decir que se limitó a enseñar los dientes. A Tobal le recordó a las expresiones de algunos animales depredadores de su mundo de origen.

"Un nido que conozco, y que mala suerte para él que no haya terminado conmigo. Ahora, sígueme... tenemos que ir por..."

Se alzaron voces y gritos entre la multitud. No de terror pero de celebración y alivio. Meredith y Tobal alzaron la vista y vieron los resplandores cromáticos en el cielo que señalaron la llegada de los mayores defensores de la galaxia.

"Los Riders", musitó Tobal, "Bien, eso es..."

Y acto seguido la alarma del sistema ZiZ inundó de nuevo el aire, resonando como un trueno. Una voz artificial se alzó sobre todas las demás.

 

INCURSIÓN EN CURSO.

ENJAMBRE EN ACELERACIÓN.

LLEGADA REDUCIDA A 10 MINUTOS.

CONTINÚEN PROCESO DE EVACUACIÓN.

 

Tobal Vastra-Oth palideció. ¿El enjambre garmoga había acelerado de repente? El tiempo de evacuación se había visto reducido a una fracción del que tenían antes. El pánico comenzó a desatarse esta vez de veras entre la masa de la población y la marea de individuos intentando huir se convirtió en un tsunami que amenazaba con arrollarlos.

Tobal tomó a Meredith y la alzó, subiéndola hasta la plataforma sobre la que se situaba un pilar de señalización. Acto seguido trepó tras ella. No era una posición muy elevada, pero lo suficiente para darles un respiro y no ser aplastados por la muchedumbre.

"No es bueno. Eso no es bueno", dijo Tobal, "Se nos acaban de complicar las cosas sensiblemente."

Meredith frunció el ceño, "Mierda, me cago en mis..."

 

******

 

Unos minutos antes...

Los Dhar Komai se materializaron sobre Pealea, saliendo del hiperespacio. La descarga de energía que marcó su llegada no causó ningún daño, disipándose como nubes de colorida luz que impregnaron los cielos del mundo bajo ellos.

Ante la amenaza garmoga, la capa superior de la atmósfera de Pealea contaba con su propio enjambre.

Una de las flotas de defensa del Concilio había llegado ya para reforzar las defensas locales y naves de distinto tipo de distribuían en grupos de formación frente al área que se había calculado como punto de intercepción más posible.

Fragatas, destructores y lanzaderas junto con formaciones de cazas monoplaza en espera de la llegada del enemigo.

"Uno casi puede sentir la tensión que impregna a la flota", dijo Antos, "Podría cortarse el aire con un cuchillo..."

"Aquí arriba no hay realmente aire, idiota", replicó Avra.

"Era solo una frase hecha, no hace falta que..."

"¡Silencio, los dos!", intervino Alma, "Estamos aquí por una razón, no podemos tomarnos esto a la ligera."

Los dos Riders más jóvenes callaron ante la reprimenda. Casi como reflejando sus actitudes, sus Dhars se alejaron levemente del grupo volando a algo más de distancia, mostrando claros signos de sumisión.

Alma suspiró, y aún estando dentro de la silla-módulo sellada de Solarys sintió la necesidad de llevarse la mano a la cabeza.

"Te noto más tensa de lo habitual", dijo Armyos a través de sus comunicadores.

"¿Tanto se me nota?"

"Bueno, siempre pones orden entre esos dos, pero normalmente esperas un poco más de tiempo a que se desmadren y eres algo más gentil al hacerlo. O dejas que yo me encargue. Así que si, se te nota."

"Llevo con un mal presentimiento desde que salimos, Armyos. Y no es solo por como todo parece volver a precipitarse últimamente, es más como..."

"Un crescendo", intervino Athea.

Antes de que Alma pudiese responder a la observación de su hermana, un chasquido en el comunicador de su casco le indicó el establecimiento de contacto con el mando de la flota.

"Riders. Es un placer tenerles con nosotros."

Alma reconoció la voz, aunque solo había hablado con el dueño de la misma en una ocasión.

"¿Capitán Calkias?"

En el puente de mando de la fragata conocida como INS Balthago, el capitán ithunamoi sonrió al responder "Me honra que me recuerde, Rider Red. Lo de Krosus-4 fue hace apenas un mes y medio pero parece que haya pasado más tiempo."

"Siento que no fuésemos una ayuda mejor en aquella situación capitán, pero teníamos órdenes muy precisas."

"Sus Dhars nos ganaron tiempo más que suficiente con aquella flotilla pirata, no tiene por que... un momento."

"¿Capitán?"

"El ZiZ acaba de enviarnos un código rojo. Es... dioses..."

En ese mismo instante la información fue transmitida a los Riders.

"¿¡El enjambre está acelerando!?", preguntó Avra. Si estaba alarmada o impaciente era algo difícil de determinar.

"De un tiempo de espera aproximado de cuarenta minutos hemos pasado apenas a diez..." musitó Calkias.

"Avra, Athea, tomad posiciones entre la flota y preparaos para cubrir puntos ciegos", dijo Alma, "Armyos, Antos, vosotros venid conmigo. Vamos a hacer una punta de lanza y acudir al encuentro del enjambre antes de que alcancen esta posición. Emisión energética plena. No estamos en un planeta así que no os contengáis, arded como una nova."

Los Riders y sus Dhar Komai tomaron sus posiciones. Flanqueada por sus hermanos, Alma contactó de nuevo con la INS Balthago.

"Capitán Calkias..."

"Estamos preparados Rider Red. Cualquier cosa que vosotros tres no consigáis freír nosotros daremos buena cuenta de ello. Hemos preparado los interceptores de largo rango pa..."

La conexión se cortó con un chisporroteo de estática doloroso, algo propio de una transmisión de emergencia forzada a grandes distancias entre estrellas. Una nueva voz resonó en los cascos de los cinco.

"Atención Riders. Director Arthur Ziras, código de prioridad FH00451"

"¿Director?", preguntó Alma, "Señor, ¿qué...?"

"Nuevas órdenes. Repliegue de Pealea. Abandonen el área."

El instante de silencio fue casi ensordecedor. Puede que no tanto como lo que vino después.

"¿¡QUÉ!?", gritó Avra, "¿¡Pero qué cojones está...!?"

"¡Avra, silencio!", ordenó Alma.

"Director...", intervino Armyos, "Sólo puedo asumir que una orden así se debe a otro ataque simultáneo, ¿me equivoco?

"¡No es la primera vez que ocurre, un par de nosotros va al nuevo punto de incursión y listo! ¿Cuál es la diferencia?", preguntó Antos.

"Riders..." continuó Ziras. Alma no pudo evitar darse cuenta de que su voz sonaba cansada, apesadumbrada, "Si bien ese sería el procedimiento normal, distribuyéndose vuestras posiciones en base al nivel de peligro de cada infestación, la situación actual es..."

"Director, díganos porque vamos a abandonar a Pealea a su suerte ante el mayor enjambre garmoga jamás registrado", dijo Athea.

"Camlos Tor. Un portal garmoga se ha abierto prácticamente frente a la Sede Senatorial. La seguridad local está resistiendo apenas pero es cuestión de minutos que la infestación los supere", dijo Ziras.

"Oh dioses", musitó Armyos, "Eso es..."

"Esto es una orden directa del Alto Mando para la salvaguarda del mismo Concilio. Si no intervenís de forma total en Camlos Tor existe la posibilidad de que el actual gobierno galáctico sea metafóricamente decapitado" explicó Ziras,  "Pealea tendrá que ser un... sacrificio. Se están transmitiendo órdenes a la flota para asegurar la mayor capacidad de evacuación posible antes de su repliegue."

De nuevo, el silencio. Algo parecido a un grito de rabia salió de la garganta de Avra, siendo interrumpida por la intervención de Alma.

"Entendido, señor. Órdenes recibidas."

Con un último chasquido de estática, la comunicación se cortó.

"Armyos", dijo Alma, "Toma a los demás y dirigíos ahora mismo a Camlos Tor. Yo me quedo a asegurar esta posición."

"¿Alma?", preguntó Rider Orange, "¿Estás segura?"

"Vas a desobedecer una orden", dijo Athea, con un tono que parecía fluctuar entre la incredulidad y la admiración, "Tú."

"Quizá me he cansado de ser una buena soldado", dijo la Rider Red, "Esta guerra ya ha tenido muchos buenos soldados, suficientes. No podré contener todo aquí yo sola, pero le ganaré tiempo a esta gente. Id a Camlos Tor. Me reuniré con vosotros en cuanto pueda."

"Ah no", dijo Antos, "Será al revés, nosotros nos reuniremos contigo en cuanto podamos."

"Si, vamos a reventar a esos pedazos de mierda en Camlos Tor tan rápido que ni se enterarán y estaremos de vuelta enseguida para ayudarte con los de aquí, así que déjanos alguno", añadió Avra.

Alma sonrió, "Lo tendré en cuenta hermanita. Ahora marchaos."

Los Dhar Komai partieron, dejando atrás a Solarys y su Rider Red. En cinco minutos el enjambre garmoga llegaría a Pealea. Antes de saltar al hiperespacio, Armyos habló con ella una última vez.

"¿Estás absolutamente segura de esto?"

"Ya afrontaré las consecuencias. Entiendo el peso prioritario de Camlos Tor, Armyos. Pero no voy a dejar a esta gente a su suerte. Y vosotros cuatro sois más que suficiente."

"Tú eres la más fuerte de nosotros."

"Solo soy fuerte por vosotros, Armyos. Ahora ve. Salvad el universo, yo guardaré este patio trasero."

Volvaugr, el Dhar de Armyos, rugió emitiendo chispas de electricidad anaranjada que brillaron en la oscuridad del espacio a modo de despedida, antes de unirse a los demás y desvanecerse en un destello de luz rumbo al centro de la galaxia.

Alma cerró los ojos y se concentró. Solarys se separó de la flota de naves en la atmósfera del planeta.

La Rider Red dio la orden y la Dhar Komai aceleró a toda velocidad al encuentro de los garmoga con su cuerpo bañado por el resplandor rojizo de la energía apenas contenida.

La suerte estaba echada. 

viernes, 23 de julio de 2021

034 AL CORAZÓN

 

Alma Aster abandonó el Templo de Elda a la carrera.

Habría deseado más tiempo para seguir conversando con Amur-Ra pero parecía que los garmoga tenían otros planes, y una Rider no podía permitirse el lujo de ignorarlos. Al tiempo que llamaba a Solarys con su lazo psíquico, Alma liberó el poder del Nexo atado a su alma. Un fulgor rojo iluminó su cuerpo y su armadura se cristalizó en segundos.

Solarys ni siquiera tomó tierra. La Dhar Komai voló bajo, con una precisión y control inusitado en una criatura de semejante tamaño, y Alma saltó a su lomo desde el suelo, entrando rápidamente en la silla-módulo.

Se introdujo totalmente, recostándose en su interior al tiempo que la capsula se cerraba. Inmediatamente, su lazo con Solarys se vio reforzado y la percepción de los sentidos de la Dhar estaba unida ahora a los suyos propios.

Ascendieron, dejando atrás Occtei. Atravesaron la atmósfera, pasando del cielo nuboso a la oscuridad estrellada del espacio en cuestión de segundos.

Una voz resonó en su oído.

"Estableciendo comunicaciones ¿Me oís todos?", dijo Armyos.

"Alto y claro, Armyos", respondió Alma.

A través de los ojos de Solarys pudo percibir los destellos de color de los demás. Sus hermanas y sus hermanos y sus respectivos Dhars habían respondido a la llamada con la misma prontitud.

Tempestas serpenteaba alrededor de Adavante, reflejando la actitud juguetona y ocasionalmente irritante de Avra al interactuar con Antos. Volvaugr volaba con firmeza, situándose junto a Solarys en cuanto ésta abandonó la atmósfera. Aunque nunca había sido constatado oficialmente, Armyos era en cierto modo el segundo al mando. O al menos, el único capaz de conciliar a los demás si Alma no estaba presente para ejercer algo de autoridad.

Por su parte Sarkha volaba cerca del grupo pero algo más distante, tan reservada como Athea. Pese a todo, fue la Rider Black la primera en hacer la pregunta pertinente.

"¿Dónde y qué sabemos?"

Un breve corte de estática indicó en los sensores de sus cascos la conexión con las comunicaciones del planeta. La voz del director de los Rider Corps, Arthur Ziras, resonó con firmeza.

"Riders. A las 012038 recibimos la señal de advertencia del ZiZ estacionado en Pealea, sistema Eribos, cuadrante Dálet-09736. Se trata de un enjambre garmoga extra-atmosférico."

"¿Oh? ¿Nada de portales esta vez?"

"¿Por qué suenas decepcionado, Antos?", preguntó Avra.

"No estoy decepcionado, pero tras tantas horas planeando estrategias para cerrar esas cosas..."

"Chicos, centraos", interrumpió Armyos, "El director aún no ha terminado."

"Gracias, Rider Orange", dijo Ziras, "La cuestión es que pese al uso de un modus operandi clásico de los garmoga, este presenta una peculiaridad alarmante. El ZiZ detectó el enjambre a una distancia mayor de la habitual, más allá de los bordes del sistema solar, dando un margen de casi una hora para el proceso de evacuación."

"Eso es... ¿bueno?", preguntó Avra, "¿Cuánto tiempo nos llevará alcanzar el destino saliendo ahora? Llegaremos con antelación."

"A Dálet... 0.21, aproximadamente", dijo Antos, "La verdad es que es raro. Los enjambres garmoga tienden a pasar desapercibidos hasta que se acercan al planeta objetivo ¿Cómo lo ha detectado tan rápido y a tanta distancia el ZiZ?"

Athea fue la primera en atar cabos.

"Director Ziras", preguntó la Rider Black, "¿Cuántos?"

Alma comprendió enseguida lo que estaba preguntando su hermana, "Dioses, para que un enjambre sea visible a esa distancia..."

"Según los cálculos iniciales del ZiZ, el número aproximado de drones garmoga en el enjambre es de... unos cinco millones y medio aproximadamente."

"¡Cinco infiernos!", exclamó Avra.

"Las defensas planetarias estándar no van a poder frenar eso de forma significativa, y con ese número al llegar a la superficie...", dijo Armyos.

"Será una Fase 2 de infestación de entrada", explicó Antos.

"Partimos ahora", indicó Alma, "No más demoras. Es un enjambre enorme, pero contamos con tiempo. Llegaremos antes que ellos y podremos elaborar una estrategia de defensa."

"Con esos números no podremos cortar el paso a todos pero interceptándolos en el espacio y lejos de zonas pobladas e infraestructuras podemos desatar el poder pleno de nuestros Dhars y llevarnos a la mayoría de esos engendros por delante", dijo Athea.

"Saltamos al hiperespacio. Director Ziras, restableceremos comunicación cuando entremos de nuevo a velocidad sublumínica en el sistema de destino. Rider Red, corto."

"Recibido, Rider Red. Suerte, a todos. Corto."

Los cinco Dhar Komai brillaron antes de que su masa corporal se viese distorsionada por el salto a la velocidad luz. Tras su marcha el único rastro fueron volutas de restos de colorida energía disolviéndose en la vastedad del espacio.

Durante el salto, Alma intentó reafirmar su ánimo centrándose en sus propias palabras y las de Armyos.

Llegarían con más antelación de la habitual a la emergencia. Podrían frenar a gran parte del enjambre antes siquiera de que hiciesen contacto con el planeta. Pero la envergadura de éste era otra característica inusual en la creciente lista de irregularidades que los garmoga estaban mostrando desde el reinicio de su actividad.

No pudo evitar un mal presentimiento.

 

******

 

Camlos Tor. 

Lo llamaban la Joya Dorada del Cosmos. Sede del Senado del Concilio y Mundo Capital de toda la civilización galáctica. 

Situado en el sistema central de Torssoi en el cuadrante Alef, en los círculos interiores situados en una posición de cercanía al núcleo galáctico pero aún lo suficientemente lejos de las áreas más inestables y peligrosas del corazón de la galaxia, cuna de agujeros negros y novas.

El mundo civilizado por antonomasia, Camlos Tor tenía una historia que se remontaba cientos de milenios atrás, incluso mucho antes de que el mismo Concilio fuese una idea.

Los primeros fundadores habían sido olvidados. Una civilización nativa de nombre original desconocido de la que únicamente se conservaban unos pocos restos arquitectónicos subterráneos como patrimonio cultural. Eran fuente constante de visitas de turistas, eruditos y meros curiosos. Ruinas de un tamaño y envergadura tal que sugerían que dichos primeros habitantes debían haber sido poco menos que una raza de gigantes. Unos pocos se referían a ellos como Titanes, aunque el nombre era visto con cierto desdén en los círculos académicos.

El auge de Camlos Tor como mundo predominante se produjo en los días del dominio de los Cinco Mayores. Las Cinco Grandes Especies que gobernaron la galaxia hace milenios y que la dejaron atrás, desapareciendo unos de formas misteriosas y otros presumiblemente ascendiendo a un nuevo plano de existencia dentro del Nexo. Solo los Eldara permanecían en la galaxia, nominalmente.

Los Cinco Mayores nunca conformaron un gobierno galáctico unificado. Cada especie contaba con sus propios sistemas y dominios. Los conflictos habían sido habituales en el pasado, así como las continuas pérdidas y expansiones de territorio e influencia sobre especies consideradas "menores".

Pero con el tiempo aprendieron a valorar la cooperación y diplomacia antes que el conflicto abierto, por múltiples razones internas y externas. Camlos Tor no fue una capital de un gobierno unificado, pero se convirtió en el centro neurálgico de una compleja red dedicada a la diplomacia y al comercio entre las grandes civilizaciones.

Los asentamientos urbanos en la superficie se expandieron de forma progresiva y constante. No existía una cronología clara, pero para cuando el Concilio lo tomó como base para su unificación galáctica Camlos Tor ya era un mundo urbano casi en su totalidad.

Con el establecimiento del Concilio se produjo una profunda y paulatina aunque lenta transformación a un mundo enfocado exclusivamente a los servicios, tanto diplomáticos y administrativos como de índole más lúdica. La pura industria prácticamente desapareció del planeta, quedando algunos complejos mineros y de producción relegados a las lunas gemelas del planeta o a otros mundos del sistema.

Camlos Tor pasó a ser un centro para la residencia de todos los senadores y sus familias, sus empleados, personal de seguridad, empresarios y representantes corporativos, embajadores de los mundos y sistemas aún ajenos al Concilio, visitantes temporales y residentes adinerados. Un mundo de lujos e intrigas, una ciudad continua sin periferias ni barrios bajos. Una máscara perfecta para la unidad galáctica, ocultando todas sus imperfecciones a las que dejaban medrar en otros mundos.

Pese a ello, describir Camlos Tor como un planeta-ciudad seguía siendo una simplificación. Tanto el Concilio como sus predecesores habían mantenido el buen juicio suficiente para que, aún siendo un mundo muy dependiente de recursos externos, Camlos Tor mantuviese algunas áreas naturales.

Un océano de tamaño medio había sido conservado en el hemisferio sur, así como abundantes áreas verdes que salpicaban de color el entorno urbano que cubría la superficie de todo el planeta.  Desde parques de razonable tamaño hasta un par de enormes extensiones de varios miles de kilómetros cuadrados que actuaban como pulmones para el planeta y refugio para la biosfera nativa de flora y fauna.

Uno de dichos parques eran los Jardines de Concordia. Con unos dieciocho kilómetros cuadrados y un pequeño lago central, era un área natural muy concurrida dada su posición adyacente a la Sede Senatorial, una estructura piramidal de tal envergadura que podía apreciarse desde el espacio. 

Paseos, rutas de senderismo, actividades artísticas... cuando el buen tiempo acompañaba (y en un mundo con sistemas de alteración climática artificial eso solía ser lo habitual) los Jardines de Concordia tendían a contar con miles de visitantes de toda índole.

Los diplomáticos usaban el parque para reuniones y charlas informales, acuerdos improvisados y prácticas más clandestinas. Era también un centro de reunión habitual para atletas de todas las especies, y las familias de los residentes y trabajadores lo visitaban con asiduidad. Áreas de juegos y actividades en el corazón del parque rebosaban con el sonido de la risa de los más pequeños, jugando bajo la atenta mirada de progenitores o cuidadores.

Era, en resumen, una zona idílica en el corazón del área más urbana del planeta, una joya verde rodeada por rascacielos, con la masiva pirámide Senatorial coronando uno de sus extremos como un gigantesco monte artificial.

Verde eran también las volutas de energía que comenzaron a girar en el aire, sobre el pequeño lago central. 

Unos pocos visitantes cercanos, sobre todo aquellos que estaban haciendo uso de la pequeña playa fluvial interior, se percataron de su aparición sin saber exactamente qué estaban presenciando.

Para cuando lo hicieron, el portal ya estaba plenamente formado, y los chirridos de la infestación garmoga no tardaron en ensordecer a los primeros gritos de pánico en el corazón de la civilización galáctica.

domingo, 18 de julio de 2021

033 ALCAUDÓN & VASTRA-OTH

 

La coincidencia era un concepto al que Meredith Alcaudón daría muchas vueltas en el futuro, sobre todo tras lo que iba a suceder en Pealea.

Oficialmente se trataba de un mundo de recreo. Una pequeña luna habitable reconvertida en centro de ocio y juego. Casinos, hoteles, acompañantes personales (forma educada de referirse a la prostitución de lujo), deportes extremos y toda clase de divertimento que pudiese pagarse con dinero. De cara a la galería, solo aquello cubierto por los ámbitos de lo relativamente legal (lo moral ya era otra historia).

La otra cara de la moneda... más allá de las zonas de luz y oropel estaban los antros de mala muerte, cantinas, centros de contrata de mercenarios, asesinos y ladrones y en general los hogares de cientos y cientos de trabajadores y almas pobres intentando llegar vivos al día siguiente y rapiñar lo máximo posible para garantizar algo mejor para sus progenies. En el mejor de los casos.

En la práctica, una situación habitual en los mundos de periferia lejos de la influencia del Concilio, no muy distinto de Cias. Las diferencias eran que Pealea estaba regido por consorcios abiertamente criminales y no por corporaciones legalizadas, y que sus habitantes al menos podían ver el cielo y tener esperanzas de quizá algún día salir del arroyo y ascender.

El mundo criminal, pensó Meredith al tiempo que miraba por entre los pliegues de la persiana de la habitación de su motel, Igual de cruel, sucio y despiadado pero a veces aquí basta con reventar las cabezas adecuadas para ser alguien sin tener que preocuparse de nada más.

Era también un entorno considerablemente más discreto y menos propenso a la vigilancia corporativa constante. Oh, de seguro habría algún Don o líder de mercenarios totalmente paranoico, pero no hasta los extremos de medir los minutos que pasabas en el baño para determinar cuánto deducir de tu sueldo.

Esa discreción era, consideró ella, lo que habría llevado hasta allí al elusivo supervisor de los operativos que habían intentando matarla y a quien estaba siguiendo el rastro. 

Solo tenía un nombre, y una especie: Legarias Bacta, gobbore. A ojos del público aparentaba tener una carrera como periodista de tres al cuarto de un diario independiente de la red y se movía constantemente de un mundo a otro.

La realidad, razonaba Meredith, es que seguramente lo hacía para designar trabajos a los agentes de su organización.

Los operativos se regían por un sistema de cadena de mando flexible. Cada operativo individual respondía a un supervisor, cada supervisor a un coordinador... y tras los coordinadores había al menos otros dos o tres rangos cuya nomenclatura se desconocía. Se regían por códigos clave, un lenguaje propio y un nivel tal de signos, contraseñas y consignas que eran casi una sociedad propia al margen del resto de la comunidad galáctica.

Solicitar los servicios de los operativos era otro rompecabezas. Contactar con ellos la primera vez podía ser complicado. Se rumoreaba que eran ellos quienes contactaban contigo si veían indicios de que se pudiese precisar de sus servicios y se contase con los recursos suficientes para el pago. Una vez utilizada la organización por primera vez, podía establecerse algún método de contacto más regular si se requería de nuevo su asistencia. No podía contratarlos cualquiera.

En la práctica era difícil que un operativo estuviese bajo el cargo de un mismo supervisor más de una vez o que siquiera supiese su nombre. Y lo mismo entre un supervisor y un coordinador, etc. Meredith tenía la sospecha de que la persona a la cabeza de toda la organización era la única o el único que sabía los nombres y distribución de todos sus agentes. El que ella hubiese podido sacar el nombre del supervisor de los operativos que habían ido a por Mantho Oth y a por ella era un golpe de suerte.

O quizá una trampa. Porque en los dos últimos días había comenzado a dudar de quien estaba cazando a quien.

Había sido algo sutil, una sensación de que estaba siendo observada. Emisiones emocionales parecidas a gritos de alarma emanando de toda maquinaria y pieza de electrónica a su alrededor. Meredith se encontraba ahora ante el dilema de determinar si el supervisor no habría previsto que ella pudiese dar cuenta de dos operativos básicos para ofrecerse a sí mismo como un cebo a seguir y atraparla de lleno en un entorno lejos de sus terrenos más familiares.

Eran algo muy retorcido y rebuscado, casi a niveles de un holoserial dramático y de los baratos, pero era la clase de basura que se esperaría de escoria como aquella.

Por ello había optado por recurrir a la espera. En una habitación de motel modesto que ocupaba todo un bloque de pisos, con solo dos accesos al exterior. Una puerta al pasillo y una ventana que daba a una caída de varios centenares de metros. Difícil de proteger, esperando sentada como carnaza fácil.

Si aquel cabrón quería jugar a los cebos, se lo pondría sencillo. A veces la mejor forma de lidiar con una trampa o enemigo era sentarse a esperar a ver quien perdía primero la paciencia.

La granada de gas rompiendo el cristal de la ventana de la habitación e inundando la estancia de humo fue una respuesta bastante expeditiva.

No es delicado ni quirúrgico, pensó, No le importan rastros o daños colaterales, solo que se haga el trabajo. Fuerza bruta.

En otros rincones de la galaxia la organización a la que pertenecía no toleraría métodos así en uno de sus supervisores, pero en Pealea sería algo sencillo de encubrir.

Con un gesto de su cabeza Meredith lanzó la granada de vuelta por donde había entrado con su telequinesis. Y justo cuando vio la sombra humanoide descender de lo alto y a punto de atravesar lo que quedaba del cristal de la ventana, Meredith saltó. No se percató de la puerta de su habitación abriéndose de golpe tras ella.

Meredith Alcaudón atravesó el cristal y chocó de lleno contra quien debía ser Legarias Bacta, el operativo supervisor que hasta hace unos instantes se disponía a entrar descendiendo desde la azotea sujeto a una correa de seguridad extensible. Su problema es que dicho sistema estaba pensando para el peso de un solo individuo humanoide, no para dos.

Por ello, Alcaudón chocando de lleno contra él en un abrazo demente a cientos de metros de altura provocó que comenzasen a descender a una velocidad peligrosamente alta, dando vueltas en círculo a cada vez mayor velocidad.

Intentó golpear a Meredith en la cabeza con el codo, pero sujetar la correa con una sola mano reducía el freno y el giro constante comenzaba a desorientarlo. Intentó  situar su pistola, una láser estándar y único armamento que parecía llevar encima, para disparar a la mujer a bocajarro aún siendo consciente del riesgo de herirse a sí mismo.

El gatillo se movió, pero en la dirección opuesta a la que habría presionado él. Con tal fuerza que aplastó y rompió la falange de su dedo.

Causar una embolia podía requerir un poquito de concentración, pero mover una pieza de metal era algo instintivo para Meredith Alcaudón. El armonizar con el espíritu de la pistola también ayudó.

Por eso el arma le estalló prácticamente en la mano a Bacta, que aulló de dolor. 

Al mismo tiempo, Meredith concentró toda su telequinesis en los arneses de la correa, aflojándolos al tiempo que daba un tirón que los movió hacia la fachada del edificio, atravesando la ventana de una de las habitaciones inferiores afortunadamente desocupada, quedando de nuevo en el interior del motel.

Meredith sintió fragmentos de cristal clavársele en la espalda, atravesando sin problema la tela de su camiseta, pero ignoró el dolor incorporándose con sorprendente rapidez.

"Muy bien, amigo", dijo, "Estás desarmado, así que mejor que empecemos a charlar antes de que tenga que ponerme desgradab..."

No llegó a terminar la frase. Legarias Bacta se incorporó como impulsado por un resorte, y con un ladrido furioso propinó un golpe a Meredith que la lanzó a varios metros hasta chocar contra el camastro de la habitación. Cuatro marcas de garras brillaban rojas en su rostro por el zarpazo.

Estúpida, estúpida, estúpida, pensó, Recuerda que es un gobbore, no un humano como los otros dos...

Los gobbore era una especie lupina, de morfología considerablemente fuerte. Sus garras eran como cuchillas y a Bacta aún le quedaba una mano sana. Se había incorporado y avanzado apenas dos pasos hacia una aturdida Meredith Alcaudón para rematarla cuando notó un tirón en la correa aún atada a su arnés.

Alguien estaba descendiendo por el cable que todavía colgaba del exterior.

Bacta se volvió justo a tiempo para ver entrar a otra figura tras él en la habitación a través del ventanal roto. Una figura que, sin pausa alguna, procedió a correr contra el gobbore al tiempo que agachaba su cabeza, embistiéndolo en el torso.

Y empalando al supervisor con su cornamenta antes de que la fuerza del impacto lo lanzase contra la puerta de la habitación, atravesándola hasta quedar su cuerpo roto y ensangrentado tirado en el pasillo.

Meredith se incorporó, sacudiendo la cabeza para despejarse e ignorando el escozor de las marcas sangrantes que seguramente dejarían cicatriz en su rostro.

El recién llegado era un angamot, de gran envergadura, vestido con lo que parecía un viejo uniforme militar negro y gris propio de operaciones especiales que seguramente se le habría ajustado mejor cuando era más joven. Su cornamenta cérvida lucía orgullosa en su cabeza, salpicada por la sangre del gobbore al que había embestido. Su único ojo ciclópeo, segmentando como el de un insecto y de un color azul brillante, se centró en Meredith.

Ella supo al instante de quien se trataba.

"Tobal Vastra-Oth", dijo, "El marido de Mantho."

"Veo que no son necesarias las presentaciones, señorita Alcaudón."

"Lo mismo digo, aunque tengo preguntas..."

Tobal dirigió su mirada al enemigo caído, "La vi en el funeral. Y puedo deducir que está buscando a los asesinos de Mantho. Puedo ayudarla en eso y en más, y no ha sido difícil seguirla sabiendo donde buscar", explicó, "Mantho o bien subestimó la vigilancia de sus superiores o bien sobreestimó sus propias defensas, pero fue consciente de que algo iba mal la misma noche después de su charla con usted y nos mandó a los pequeños y a mi fuera de casa junto con mis padres antes del final. Pero entenderá que no puedo quedarme de brazos cruzados."

"Bueno", suspiró Meredith, "No es la primera vez que trabajo con alguien, así que supongo que bienvenido a bordo. Si no es mucho pedir, deberíamos salir de aquí. La gente no suele prestar mucha atención a tiroteos e intentos de asesinato en estos lugares, pero aparecerán curiosos tarde o temprano."

"¿Qué hacemos con el cuerpo?"

"¿El señuelo? Dejarlo aquí. Quería hacerle unas pocas preguntas sobre Bacta, pero dudo que supiese más de lo que ya sé."

"¿Señuelo?"

"He venido aquí siguiendo el rastro de un gobbore llamado Legarias Bacta, el supervisor de los operativos que mataron a tu marido e intentaron lo mismo conmigo. Un gobbore de pelaje blanco" dijo Meredith al tiempo que se acercó al cadáver y propinó una leve patada en el torso del cuerpo, "Y este cabrón es de pelaje gris y pardo, por no mencionar que ni cuadran las orejas ni los rasgos faciales y forma del hocico."

Tobal asintió, "Así que mandó a otro títere a por usted."

"Es un desgraciado más prudente de lo que me esperaba, pero deberíamos..."

Su voz fue interrumpida por el grito de una alarma. Un sonido intenso y agudo que inundó el aire no solo en aquella ciudad sino en todos los centros urbanos del planeta. Además de eso, Meredith pudo sentir a todas las máquinas, ordenadores y piezas de electrónica gritando.

Se llevó una mano a la sien, sintiendo como si se le clavasen cientos de agujas en el cerebro. Tuvo que hacer un esfuerzo consciente para no caer de rodillas.

Tobal lo tuvo algo más fácil, teniendo que preocuparse únicamente de tapar sus sensibles oídos.

"Eso es..."

"Es la alarma del ZiZ planetario local" dijo Meredith, con voz tintada de frustración y miedo creciente, "Joder, mierda, mierda y mil veces..."

Una incursión garmoga.

Tener tan mala suerte no podía ser coincidencia, es algo que Meredith Alcaudón pensaría muchos años después.

jueves, 15 de julio de 2021

032 PEQUEÑA CAZADORA

 

Hace tiempo...

Dos figuras paseaban por el patio central del Templo de Elda.

Una era una mujer joven, alta, de tez morena y largos cabellos lisos. Vestía una prenda de una pieza similar a los uniformes de piloto usados en los cazas monoplaza, ajustado al cuerpo e ignífugo. Sus ojos verdes, con un ligero toque de azul, observaban cada detalle del jardín con atención.

A su lado, flotando sobre un soporte metálico bañado por el brillo de las runas que lo iluminaban, un pilar de cristal en cuyo interior parecía flotar o ser proyectado un rostro alienígena de aspecto humanoide. Una sonrisa serena marcaba un rostro que parecía más habituado a la seriedad.

"Tiene talento", dijo Amur-Ra.

"Si."

La plataforma flotante se detuvo y giró hasta dejar situado el rostro de Amur-Ra frente a la mujer. Habría podido moverlo independientemente dentro de su contenedor cristalino, pero el movimiento global de su soporte enfatizó la acción además de llamar la atención de ella.

"¿Has hablado con Eld Stephen-andr?", preguntó.

La mujer cerró los ojos y tomo aire, casi como si estuviera reuniendo fuerzas.

"Dos ejemplares de la segunda remesa son viables. Vamos a esperar unos años antes de comenzar los ritos de enlazamiento, pero... bueno, Stephen cree que el de la primera remesa está listo y dado el patrón genético..."

"Entiendo que estés asustada", dijo Amur-Ra, "Pero mi gente conserva todos los antiguos procedimientos y estaré contigo en todo momento cuando llegue la hora. Y si fracasas, puedo garantizar que no habrá malas consecuencias."

"El Nexo es caprichoso, pero no cruel... eso nos dijiste."

"Es una Fuerza viva. Exige respeto. Pero puede perdonar a los no iniciados. Vuestra gente desde luego va a lanzarse de lleno a lo más hondo del lago, pero contáis con la guía de todo el saber de los eldara. Nuestros ancestros y los de los otros Mayores fueron a ciegas en comparación."

La humanidad... eran un rompecabezas para Amur-Ra. Pese a sus semejanzas, tan extraños. Y lo que habían hecho, para bien o para mal, era algo que estaba dispuesto a presenciar. Signos y presagios habían determinado hace mucho parte del camino a recorrer.

Habían llegado hace unas tres décadas, desde más allá de las fronteras del borde exterior, provenientes de otra galaxia. El viaje había sido tan largo que solo unos pocos de sus miembros de gobierno recordaban las verdaderas causas. Habían transcurrido generaciones enteras en sus Naves Jardín.

El mero hecho de su llegada había sido visto por muchos como poco menos que una proeza milagrosa, y no únicamente por la locura que suponía un viaje intergaláctico independientemente de los motivos.

Por aquel entonces, el Concilio y el resto de la galaxia llevaba ya dos décadas de guerra contra la invasión de los garmoga.

Era mucho aún lo que no se sabía y, pese a que las esperanzas no se habían apagado, el hastío y el peso del trauma y los horrores del conflicto comenzaban a inundar los espíritus de los habitantes de la galaxia. No eran pocos quienes creían que lo ocurrido a los lacianos era cuestión de tiempo que sucediese a todos los demás. Los garmoga parecían cada vez más imparables.

Por ello la humanidad supuso una sorpresa. Era bien sabido que las bestias garmoga tenían control de casi todo el borde exterior de la galaxia en su totalidad. Que una raza hubiese podido cruzar ese cerco sin un encontronazo con dicho enemigo fue visto por muchos como una buena señal.

Otros eran más suspicaces, por supuesto. Pero la humanidad no tardaría en mostrar su valía.

Su primer contacto con los habitantes de la galaxia fue con una flotilla atliana. En cierto modo supuso algo afortunado. Las grandes semejanzas morfológicas entre las dos especies facilitaron la comprensión mutua. Un primer contacto con los eldrea o los narkassa hubiese sido muy distinto. Un primer contacto con los fulgara, dadas sus dificultades para interactuar con entes orgánico-corpóreos, hubiera sido potencialmente desastroso.

Muchos xenobiólogos se hubiesen llevado las manos (o apéndice correspondiente) a sus cabezas ante el hecho de que dos especies de galaxias diferentes fuesen tan semejantes, pero el universo tenía sus misterios y el número de formas de vida con rasgos comunes en la galaxia era ya considerablemente alto de por sí.

La diplomacia llevó a cabo sus labores con gran eficiencia y velocidad, y la humanidad no tardó en estar integrada en el marco galáctico. No tenían aún un mundo propio, pero tras las pruebas y ensayos pertinentes pudieron moverse libremente por cualquier mundo afiliado. Sus contribuciones a la guerra también ganaron una considerable buena voluntad por parte de las demás especies.

La humanidad alimentó los fuegos de la esperanza. Los garmoga, que habían mostrado gran resistencia a la mayoría del armamento energizado usado por las tropas del Concilio parecían caer con facilidad ante las armas de proyectiles sólidos acelerados de los humanos.

Durante veinte años tras su llegada, la humanidad reavivó el espíritu de lucha de la galaxia. Se salvaron mundos, y se hicieron avances en territorio que había sido tomado por las bestias.

Entonces los garmoga se adaptaron. Los primeros centuriones garmoga y, aún más grave, las quimeras comenzaron a ser comunes en sus incursiones. Las viejas estrategias no funcionaron, y las nuevas traídas por los humanos iban camino de terminar de forma similar, reducidas a medidas de contención temporal de un avance enemigo inexorable.

Fue en ese punto cuando la humanidad propuso una idea.

Un aspecto curioso de los humanos es que desconocían la magia, al menos fuera de un contexto de ficción. De algún modo, su galaxia de origen parecía carecer de un equivalente real al Nexo de Poder, aunque no tuvieron dificultad alguna en comprender y asimilar el concepto. Fue Amur-Ra, como embajador de los eldara, quien introdujo y educó a la humanidad guiándolos en sus primeros contactos con el Nexo, la magia y el pasado de la galaxia ligado al mismo.

De dicho pasado, ya desaparecido hace milenios, los humanos recuperaron una vieja idea que no se había puesto en práctica desde la Era en que los Cinco Mayores aún eran las especies dominantes de la galaxia.

Guerreros. Guerreros modificados o cultivados, criados para ser ligados al Nexo y su poder de una forma en la que ningún otro ser vivo lo estaba.

Amur-Ra, sabedor de las dificultades y peligros que conllevaba tal empresa, se dispuso a ofrecer su ayuda, y terminó siendo una pieza clave en el proyecto del que ahora formaba parte la joven mujer con quien se encontraba paseando en el Templo de Elda.

Un ruido leve en los arbustos a su izquierda llamó su atención, sacándolo de sus pensamientos. Ambos lo oyeron, pero fingieron ignorar el sonido. Amur-Ra sonrió de nuevo y esta vez la mujer devolvió la sonrisa.

"Este lugar ya era antiguo cuando mi gente era joven", dijo Amur-Ra retomando la conversación, "Los primeros eldara lo construyeron en los Días Luminosos, pero estuvo abandonado por un tiempo durante una guerra y hay... historias."

"¿Oh? ¿Qué clase de historias?"

Sin dejar de hablar, el eldara movió su plataforma flotante pasando frente a la mujer y rodeando el arbusto, "Bueno, se hablaba de criaturas peligrosas. Pequeños monstruitos que se ocultaban en los arbustos del patio para emboscar a viajeros incautos, y mucho me temo, amiga mía..."

El cristal de Amur-Ra comenzó a brillar con un destello azul, el aura que señalaba el uso de su telequinesis.

"... que una de esas criaturas se encuentra... ¡AQUÍ MISMO!"

El aura azul se intensificó. El arbusto se abrió de par en par como separado por manos invisibles y una pequeña figura humana envuelta en el aura telequinética de Amur-Ra fue alzada en el aire con un chillido de sorpresa mezclado con risas.

Era una niña, de unos cuatro años. Sus rasgos muy similares a los de la mujer. La misma piel oscura, cabellos negros lisos, y los mismos ojos verdes con un toque azulado.

"¡Ya sabías que estaba ahí, tío Amur!"

"Como le dije a tu madre, tienes talento pequeña cazadora", replicó el eldara al tiempo que depositaba a la niña con delicadeza junto a su madre en quién centró su atención en ese momento, "Pero creo que tu Alma aún necesita algo más de práctica, Aster Raseya-aika."

Raseya Aster frotó los cabellos de su hija de forma afectuosa, pero también limpiando restos de hojarasca "Con suerte, tendrá tiempo de sobra para ello."

"Tío Amur, ¿es verdad que mamá está criando dragones?"

"¿Dragones? Me temo que no entiendo, pequeña Aster Alma-kor."

"Es como llama ella a los... bueno, ya sabes", dijo Raseya, "La verdad es que es un apodo que usa mucha gente en el proyecto. Los dragones son seres de nuestra mitología y los sujetos de cría presentan muchas semejanzas morfológicas con ellos."

"Ah, ya veo", dijo Amur antes de dirigir su atención de nuevo a la pequeña, "Podríamos decir que si, Aster Alma-kor, tu madre está criando dragones. Y quién sabe, quizá un día tú puedas ser la jinete de uno."

Los ojos de la niña se abrieron como platos antes de bombardear verbalmente a su madre con preguntas ("¿de verdad? ¿cuándo? ¿puedo llamarlo Mordisco?"). Raseya intentó responder como buenamente pudo a su hija, y si en su sonrisa al hacerlo había una cierta marca de tristeza y temor por el futuro de su pequeña, ni ella ni Amur-Ra dijeron nada.

 

******

 

Siglo y medio más tarde, en el mismo lugar, dos figuras paseaban de nuevo por el mismo jardín.

Una de ellas era exactamente la misma, el viejo embajador de los eldara. Su soporte y su pilar cristalino habían cambiado, pero el mismo rostro flotante en su interior era reconocible.

La otra figura había sido una niña hace ciento sesenta y nueve años. Ahora, Alma Aster era una adulta de aspecto joven pese a contar con ciento setenta y tres años de edad. Uno de los muchos efectos derivados de su conversión en Rider.

"Hacía tiempo que no nos veíamos", dijo Alma.

"Tenía asuntos pendientes con la Alianza y los míos. Y los seis años de relativa paz que nos dieron los garmoga parecieron un buen momento", replicó Amur-Ra.

"Seis años de armisticio. Es obvio que han estado reagrupándose y aprendiendo cosas nuevas."

"Ziras Arthur-andr no es tan amigable conmigo como lo era Eld Stephen-andr, y mi relación profesional con el proyecto puede haberse visto reducida, pero sigue manteniéndome al día. He leído vuestros informes. Los garmoga haciendo uso posible de magia... era una mera cuestión de tiempo."

Alma se detuvo frente a un arbusto vagamente familiar. Estaba viejo, algo seco. Pero aún crecían flores carmesí en él.

"¿Algún consejo?", preguntó.

Amur-Ra miró a la Rider Red. Donde otros verían a la mayor guerrera de la galaxia, él seguía viendo a la pequeña criatura que correteaba entre él y su madre.

"Menos de lo que me gustaría darte", respondió con sincero pesar, "Sabes que mi gente sigue un camino marcado por signos y presagios. La toma de decisiones es tuya y solo tuya, pero hay cosas que ocurrirán de una forma u otra a su debido tiempo."

"Críptico como siempre, tío Amur", reprochó Alma.

"Tus hermanas, tus hermanos y tú estáis en medio de una madeja de mentiras y medias verdades. Enemigos ocultos y aliados inesperados. Ojalá pudiese decirte más y con más claridad, pequeña cazadora, pero comprometería tu propia capacidad de optar por tu propio camino."

"Si algo he aprendido todos estos años... es a no dudar de ti, Amur", dijo Alma "Pero a veces eres un dolor de cabeza andante."

"Técnicamente podría decirse que soy una cabeza andante y nada más", observó el eldara con una sonrisa triste.

Alma sacudió la cabeza conteniendo la curva de sus labios, "Aún con todo, agradecería algunas palabras sobre..."

Un pitido intermitente y agudo la interrumpió.

Un pequeño dispositivo en el cinturón del uniforme termal rojo de Alma parpadeaba con luz blanca al tiempo que emitía su llamada. De estar en la capital, Alma habría podido oír la alarma del cuartel de los Corps resonando por toda la ciudad.

En alguna parte de la galaxia había comenzado otra incursión garmoga.

"Debo marcharme, tío Amur", musitó Alma.

Si Amur-Ra hubiese tenido manos, en ese momento habría tomado las de la humana que tenía frente a sí, a la que consideraba casi una hija y tan importante como cualquiera de sus hermanos de sangre y espíritu.

"Persevera, Aster Alma-kor", dijo, "Ante todo lo que está por venir. Ese es mi consejo."

Alma asintió sin decir más, y salió del templo a la carrera al tiempo que un destello rojo iluminaba su cuerpo, envolviéndola en su armadura. El rugido de Solarys quebró el aire al descender para recoger a su Rider en el exterior del antiguo edificio.

Desde el patio ajardinado del Templo de Elda, Amur-Ra los vio ascender a los cielos como una fulgurante estrella fugaz roja.

Las respuestas aún tardarán en llegar pues la oscuridad es antigua, pero hoy se cruzarán líneas sin retorno, pensó el viejo eldara, Persevera, pequeña cazadora.