domingo, 11 de julio de 2021

031 PRESAGIOS

 

Las estancias de los Dhars habían sido descritas por Armyos como una mezcla de hangar, establo y zona abierta de recreo para animales grandes. Cada uno de los Dhar Komai contaba con un área de contención propia adyacente a una enorme área semiabierta cubierta por una cúpula de gran tamaño.

Suficiente espacio para volar distancias cortas, ejercitarse entre misiones y socializar, tanto entre sí mismos como con sus Riders cuando estos estaban de visita, cosa que ocurría a menudo y era prácticamente una práctica diaria de los Aster.

El lazo que unía al Rider con su Dhar era místico y biológico a partes iguales. Feromonas, respuestas químicas y lazos sensoriales entre sus sistemas nerviosos, junto con telepatía, una capacidad de comunicación no verbal superior a ninguna otra registrada en la galaxia y una capacidad de empatía mutua retroalimentada por el contacto directo entre el alma del Rider y la de la bestia.

Eran mucho más que meras monturas. Para un observador externo quizá podrían parecer poco más que monstruos amaestrados, armas vivientes prestas a ser usadas, pero esa sería una observación injusta tanto para los draconianos seres como para los jóvenes guerreros ligados a ellos.

Para su Rider, un Dhar Komai era una extensión de su propio ser. Un pedazo de sus mismas almas una vez establecido el lazo entre ambos.

Era algo mágico, espiritual... había una solemnidad y profundidad en esa unión casi palpable. Iria Vargas, como principal doctora de los Riders, sabía esto muy bien.

Por ello nunca dejaba de ser hilarante ver a una criatura tan grande como Solarys despatarrada en el suelo de su hábitat, ronroneando mientras Alma le hacía cosquillas en la parte inferior de la mandíbula.

"Una de las criaturas más poderosas de la galaxia y tú la tienes aquí comportándose como un gato gigante", dijo Iria.

Alma rió, sin dejar de rascar las escamas de la Dhar, "Es mi pequeñaja y siempre lo será."

Solarys emitió un satisfecho gruñido con el que parecía dar la razón a su Rider.

"Creo que mi abuela aún era una niña cuando tú todavía podías coger a Solarys en brazos"

"Aún puedo cogerla en brazos."

"Pesa como... veinte mil toneladas, Alma."

"Aún puedo."

"Sigh... sé que puedes, pero sería un gasto de energía innecesario e irresponsable, y como tu doctora personal no puedo recomendarlo. Y como tu novia me vería impelida a darte una colleja."

Solarys emitió un rumor suave con su garganta. Alma le dio unas palmaditas, "No chica, nada contigo es innecesario e irresponsable. La doctora solo está haciendo de doctora."

"Respecto a lo cual... sobre lo que hablamos en tu revisión ayer después de volver de Cias..."

"Ya lo he hablado con los demás."

"¿Y con el director?", preguntó Iria.

La única respuesta de Alma fue el silencio.

"Alma, sabes que terminará atando cabos si es que no lo ha hecho ya... dime que al menos lo pondrás como una conjetura en tu informe final."

"Si... eso haré. Al menos por el momento."

"Sigo creyendo que deberías decírselo. Que una de las fugitivas ligadas a Pratcha esté correteando por ahí con una armadura mórfica es..."

"No creo que fuese una armadura mórfica" dijo Alma.

"He visto la grabación y sé que luce distinta, ¿pero qué otra cosa podría ser?", preguntó Iria.

"Cuando llegamos a Cias pudimos sentir su presencia energética antes de desvanecerse."

"Bueno, no es inusual, algo así debería estar emitiendo una sobrecarga de poder..."

"No, Iria. No era como el caso de Pratcha. No había poder en exceso sangrando al ambiente exterior. Estaba contenido, controlado... y pudimos sentir que había una ligazón con el Nexo."

"Alma, eso es... los únicos con un lazo así con el Nexo..."

"Somos nosotros... o al menos lo éramos hasta ahora."

"Vaya... alguna gente se pondrá muy nerviosa si eso sale a la luz."

"Lo sé, pero..."

"¿Si?"

Con un suspiro, Alma apoyó su espalda sobre las escamas de la recostada Solarys y se dejó deslizar hacia abajo hasta quedar sentada en el suelo al pie de la cabeza de la Dhar.

"Desde lo de Pratcha... todo se está poniendo patas arriba."

Iria se sentó junto a ella, "La atmósfera general ha estado algo tensa."

"Pratcha hizo algo más de lo que se le acusa. Lo de la llave mórfica fue inesperado y sería razón más que suficiente para enviarnos, pero... hubiese bastado uno de nosotros al final. No los cinco."

"Te huele a gato encerrado."

"No soy la única. Athea también ha estado... no ha querido decirme nada, pero la conozco bien" explicó Alma,  "Ha estado husmeando por su cuenta y estoy segura de que ha pasado algo que la ha puesto en alerta. No sé aún qué ha sido, prefiero que me lo cuente ella misma cuando se sienta preparada."

"Athea es... reservada, pero siempre te ha respetado aunque se distancie. No la conozco tanto como tú, pero si surge algo vital estoy segura de que lo compartirá contigo."

Alma asintió, "Lo que no me quito de la cabeza son las últimas palabras de Pratcha."

No sabéis cuánto han mentido.

"No sé nada más allá de cientos de fantasías paranoides que puedo montar en mi cabeza y la mayoría no suenan muy diferentes de la basura que esputan los fanáticos de la conspiración en la red... pero conozco de primera mano que los Corps han tenido sus claroscuros, y si Pratcha descubrió algo genuinamente peligroso y alguien decidió usarnos como instrumento para silenciarlo de forma expeditiva..."

"Eso... eso si es algo que no deberías mencionar al director, por si acaso", dijo Iria, "Joder, ni siquiera deberías decírmelo a mí, no estoy segura de que el código médico-paciente cubra esto."

"Confío en tu discreción" replicó Alma con una media sonrisa.

"Magro consuelo si termino de sujeto de un interrogatorio del Departamento de Seguridad" murmuró Iria, apoyando su cabeza en el hombro de Alma. Ésta comenzó a acariciar distraídamente sus cabellos.

"Eso no va a pasar."

"Te tomo la palabra, y si tienes que rescatarme de las garras de esas hienas burócratas  me reservaré el placer de echarte esta conversación en cara."

Estuvieron así un poco más, sentadas en un silencio cómodo a pesar de la seriedad de la conversación, antes de que Iria hiciese una pregunta de nuevo.

"Entonces... ¿lo de la fugitiva?"

"Dovat. Se llama Dovat. Y sé que está ligada a lo de Pratcha y dudo que nos tenga mucha estima, pero... pudiste ver las grabaciones de Cias. Lo que hizo."

"Si... bastante admirable, la verdad."

"Salvó gente, Iria", dijo Alma, "Cerró un portal garmoga. Creo que se merece el beneficio de la duda, aunque dudo que nuestros superiores compartan el sentimiento."   

"Otro portal...", susurró Iria con voz queda.

"Una cosa más en mi lista de preocupaciones recientes. Lo de Pratcha, lo que quiera que esté ocurriendo entre bambalinas... y ahora los garmoga comienzan a usar nuevas tácticas. No puedo evitar sentir que todo está conectado de algún modo, que todas estas cosas son como presagios de algo que está por venir."

"Cuidado Alma, empiezas a sonar fatalista."

"Oh ¿no te gustan las heroínas sombrías que cargan el peso del mundo sobre sus hombros?"

Iria levantó su cabeza del hombro de Alma para mirarla directamente.

"No, son un rollazo. Me gustan las heroínas firmes con un optimismo templado por el pragmatismo y que cargan con el peso de la galaxia sobre sus hombros. También ayuda que lucen de fábula vestidas de rojo."

Alma abrió ligeramente la boca, como si hubiese querido responder algo pero decidió callar en el último segundo. Sus ojos se posaron en los labios sonrientes de Iria e inclinó ligeramente la cabeza, acercándose para...

"¡ALMA!"

... ser inmediatamente interrumpida por Avra entrando a la carrera en el hábitat de Solarys. La Dhar Komai alzó su enorme cabeza, alarmada ante la intrusión y Alma e Iria se encontraron de repente quedando tumbadas en el suelo al perder el soporte para sus espaldas.

Hermanas pequeñas, pensó Alma ligeramente irritada, Da igual que tengan década y media o siglo y medio...

Se incorporó, ofreciendo una mano a Iria para ayudarla a levantarse antes de volver su mirada hacia Avra. Alma levantó una ceja al constatar que la Rider Blue parecía extrañamente nerviosa. Quizá fuese algo serio después de todo.

"¿Qué sucede Avra?", preguntó.

"¡Él quiere hablar contigo!"

"¿El director? No tengo que presentar mi informe hasta..."

"¡El director no!", replicó Avra con un aspaviento de brazos, "¡ÉL!"

 

******

 

Cuando la humanidad era una recién llegada a la galaxia desde los confines del espacio oscuro, pasaron un tiempo viviendo aún en sus Naves Jardín. No fue hasta que demostraron su valía y su contribución se tornó vital contra los garmoga que el Concilio les cedió territorio y mundos propios para colonizar.

Occtei, donde residía la sede de los Rider Corps, fue el primero de esos mundos.

Pero estrictamente hablando, Occtei no era un mundo propiedad del Concilio.

Pese a su situación en el cuadrante Alef, Occtei había sido originalmente un puesto de avanzada de la Alianza Elderiana cuando en siglos pasados habían estrechado sus relaciones diplomáticas y comerciales con el Concilio, extendiendo su presencia más allá de la pequeña coalición de mundos que controlaban en el cuadrante Bet.

De los Eldara propiamente dichos no se sabía mucho.

Eran los últimos de los Cinco Mayores. Tal era el apelativo otorgado a las cinco especies conocidas más antiguas de la galaxia, aquellas que habían regido aquel rincón del universo hace milenios. 

Habían desaparecido, pero no por el traumático ocaso de la extinción que había aquejado a otras civilizaciones. En cambio, habían abandonado el plano físico, uniendo sus esencias vitales de forma masiva al Nexo, en un punto indeterminado de la galaxia cuya localización solo conocía un puñado de seres.

Los Eldara, nativos de Elderia, eran los únicos que se habían quedado atrás. La razón de ello se desconocía y había sido objeto de toda clase de conjeturas y teorías. Había quienes los veían como a grandes consejeros y guardianes de la paz, otros los tomaban por manipuladores y oráculos de mala fortuna.

Cuando los Eldara cedieron Occtei al Concilio para ofrecer éstos su uso a la recién llegada humanidad, solo pidieron que se cumpliese una corta lista de condiciones. Debían respetarse ciertos puntos geográficos muy específicos, y el viejo templo de Elda debía mantenerse impoluto.

El lugar había sido residencia ocasional de aquel que había sido embajador de Elderia desde hace ya unos seiscientos años, y uno de los principales responsables de que la humanidad descubriese el Nexo y su poder.

La persona a la que Alma Aster se dirigía a ver en aquel momento y con quien no había hablado ya desde hace varios años.

Pudo verle nada más atravesar el portón de la entrada al templo. En el ajardinado patio central, al pie del pequeño estanque junto a la fuente. Siempre le había gustado observar con fascinación a los peces que los humanos habían traído allí.

La plataforma metálica que lo sostenía brillaba cubierta de runas y glifos de tal complejidad que un no iniciado en el estudio de la magia sentiría un mareo inmediato de posar su vista en ellos más tiempo del debido.

El pilar de cristal situado sobre dicha plataforma había cambiado. Otrora había sido irregular y de bordes afilados, pero ahora presentaba un aspecto cilíndrico y liso que reflejaba fuertemente la luz del sol.

En dicho cristal podríamos ver un rostro. Flotando, como contenido en su interior... o quizá una proyección sobre la superficie del cristal. Un rostro humanoide, pero no humano. Los ojos eran demasiado grandes y de tinte dorado, la nariz apenas unas hendiduras en el rostro de piel azulada, y los rasgos casi feéricos enfatizados por orejas puntiagudas.

Amur-Ra de Elderia se volvió para recibir a su visitante.

"Saludos, Aster Alma-kor"

Pese a la formalidad en su saludo el afecto en la voz era obvio, tanto como la ligera curvatura en sus labios que indicaba una sutil alegría ante la presencia de la Rider. 

Alma sonrió al responder.

"Saludos, tío Amur."

 

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