martes, 19 de julio de 2022

079 ABORDAJE

 

Astorias Neva corría a través de los pasillos de la cubierta inferior de la INS Balthago, rodeada por una cacofonía de estridentes alarmas y gritos de órdenes y avisos arrojados al caos organizado de la evacuación.

"¡Moveos, moveos, moveos!"

"¡Cápsulas de evacuación 005, 018, 042, 074 y 077 listas para lanzamiento!"

"¡Los cazas individuales están listos para despliegue a espera de la orden!"

"¡Cápsulas 033 y 086 listas!"

"¡No lancéis ninguna cápsula hasta que no esté totalmente cubierto el cupo de individuos a bordo!", gritó Neva por encima de los demás avisos, "¡Mantened la prioridad del personal civil y científico y las unidades familiares!"

Uno de los cadetes se acercó a la joven Primera Oficial. Al igual que ella se trataba de un gobbore, de rostro lupino y muy alarmado, a juzgar por la posición de sus orejas y lo erizado de su pelaje.

"¡Señora, los pilotos están listos para despliegue, ¿a qué estamos esperando?", preguntó.

"Contamos con cinco escuadrones de diez cazas cada uno en el hangar interno de la fragata. Cada caza puede cubrir a dos cápsulas de evacuación. Por cada dos cápsulas lanzadas quiero a uno de los cazas acompañándolas y llevando a cabo un protocolo de escolta", explicó Astorias Neva.

"¿No vamos a entrar en combate?"

"Por lo que hemos visto en el Puente de Mando, un enfrentamiento directo no es una estrategia viable contra esa... cosa."

"Pero..."

Cualquiera que fuese la observación o comentario que el cadete intentase realizar se interrumpió de golpe cuando un sonido profundo, metálico y quejumbroso, inundó la nave al tiempo que una fuerte sacudida reverberaba a lo largo de toda su estructura. Astorias Neva se dio cuenta, no sin cierta alarma, de que estaba cayendo hacia la pared del lateral izquierdo y que la nave se había inclinado por unos instantes antes de volver a enderezarse, pero para ese entonces su hombro ya había golpeado con fuerza el metal.

Estamos en el espacio. No hay arriba ni abajo, pensó Neva. Para que el sistema de gravedad artificial interna no pudiese compensar ese desequilibrio de forma automática hemos debido sufrir un impacto fortísimo.

Más consecuencias se hicieron notar con prontitud.

"¡Los paneles de circuitos de lanzamiento de las 022 y 023 se han frito con lo que fuera eso!"

"¡Las señales ambientales han entrado en código rojo!"

Neva se giró hacia el oficial técnico que había gritado ese último aviso, un humano de mediana edad aferrado a la terminal de monitorización del hangar como si le fuese la vida en ello.

"¡Oficial, aclare ese último aviso!"

"¡Brecha parcial en la capa externa, señora! Aún no ha atravesado el blindaje... ¡Oh, Cinco Infiernos!"

"¿¡Qué, qué?!"

"Las lecturas biométricas... son formaciones acristaladas, del tamaño de pilares pero afiladas como lanzas, y la energía que emiten les está permitiendo... bueno, están taladrando el blindaje. Si siguen así, en menos de cinco minutos tendremos una brecha total y una invasión de organismos desconocidos."

Un chasquido indicando una señal de llamada restalló en el dispositivo de la muñeca de Neva.

"¿Capitán Calkias?"

"¡Primera Oficial Neva!", exclamó Calkias. Su voz sonaba distante y distorsionada, como si las señales en el interior de la nave sufriesen interferencias, "¡Protocolo de anti-abordaje! ¡Uso de armamento permitido en el interior de la nav... Mierda!"

La transmisión se cortó, pero por un instante antes de que la voz del capitán Calkias se apagase, Neva pudo percibir el sonido de disparos de fondo en la transmisión. Pero a ello no siguió el silencio sino la voz aterrada del técnico humano junto a ella.

"¡Están dentro!"

 

******

 

Varios minutos antes, en el Puente de Mando de la INS Balthago, Vonn Calkias coordinaba todos los sistemas de defensa, preparándose para llevar a cabo una descarga de los cañones de la fragata contra la formación piramidal de origen desconocido que los había atacado.

"Los escudos se han restablecido, señor", informo uno de los oficiales técnicos, "Pero la navegación y el hipermotor siguen dañados. Podemos defendernos y atacar, pero estamos limitados por..."

"Por la incapacidad de movimiento. Estamos varados. Por muy bien que funciones nuestros cañones esto ha reducido su efectividad en un setenta y cinco por ciento. Soy consciente de ello...", replicó Calkias antes de interrumpirse y centrar su atención sobre los movimientos de su enemigo.

"¿Qué está haciendo?", preguntó.

"Creo que está acelerando", replicó el oficial técnico, "Las lecturas indican... ¡SANTAS ESFERAS!"

En un parpadeo la pirámide se situó prácticamente al costado izquierdo de la Balthago, salvando una distancia que abarcaba del círculo interior del pequeño sistema solar hasta el borde exterior del mismo.

"¡Ha habido una descarga energética que se sale de las escalas!", exclamó el oficial técnico con una mezcla de miedo y genuino asombro en su voz, "¡No ha sido un desplazamiento supralumínico, es más como si... un desplazamiento instantáneo de masa, como el Destello de los Riders pero aplicado a algo de un tamaño que..."

"Me preocupa más eso", indicó el Oficial Ejecutivo. El vas andarte señaló con un brazo largo y esbelto a la hendidura carmesí cercana a la cúspide de la pirámide.

"Sensores", ordenó Calkias.

El holovisor central parpadeo antes de mostrar la nueva imagen. Diez objetos, posiblemente de unos quince a veinte metros de largo, como pilares de roca o cristal negra y aspecto afilado. Emergieron del brillo carmesí de la pirámide y ahora atravesaban el vacío en un rumbo directo hacia la fraga inmóvil.

¿Y la pirámide? Se esfumó de nuevo, rumbo a algún otro rincón del espacio, dejando a la Balthago a su suerte junto al regalo que acababa de entregar.

"¿Cuánto para el impacto?", preguntó Calkias. Por algún motivo, la ausencia de la gran forma piramidal lo había puesto aún más alerta.

"No mucho, señor. Están acelerando exponencial... ¡Ya están aquí!", gritó alarmado el oficial técnico.

De nuevo, con una velocidad que desafiaba toda comprensión y emitiendo ondas de una energía que los sensores apenas conseguían identificar, aquellos fragmentos de cristal de ébano del tamaño de afiladas columnas impactaron contra la Balthago, empalando la capa del blindaje exterior. La fuerza del impacto simultaneo de los diez pilares fue tal que la nave varada se inclinó de golpe, sufriendo un desajuste en sus sistemas de gravedad interna que arrojó por los aires a sus ocupantes antes de volver a estabilizarse.

"¡Esas cosas están taladrando el blindaje del casco! ¡Hay algún tipo de forma de vida dentro, el sistema ambiental está dando señales en rojo!"

La respuesta automática en caso de que una infestación garmoga penetre en el interior de la nave, se dijo Calkias, Esto es algo distinto... pero los protocolos anti-abordaje pueden ayudar.

Sin mediar más palabra, Calkias se levantó de la silla de capitán e hizo un gesto al Oficial Ejecutivo para que le acompañase.

"En ausencia de la Oficial Neva al hacerse cargo de la evacuación en las cubiertas inferiores, usted es mi segundo por el momento señor Anjira", explicó Calkias al tiempo que se acercaba a un panel al fondo de la estancia del puente de mano. Posó su mano sobre un sensor y el panel se deslizó dejando a la vista unas dos docenas de rifles.

"¡Iniciamos protocolo anti-abordaje!", exclamó Calkias dirigiéndose a todos los presentes al tiempo que tomaba una de las armas, entregándosela a Anjira, "Todos los que tengan permiso para el uso de armamento que tomen uno de los rifles de impacto. Y los que no lo tengáis estad preparados para tener que agarrar uno de todas formas."

"¿Es esto seguro señor? El protocolo respecto a los riesgos de  brecha en el casco..."

"Anjira, esas cosas van a entrar y estoy seguro de que estaremos muertos de un modo u otro cuando suceda", respondió Calkias, "Hay partes del protocolo que no son aplicables en circunstancias específicas, así que agarra ese rifle y..."

"¡Al menos una han atravesado el casco, señor!", gritó el oficial técnico, "¡Dos! ¡La segunda está a punto de..."

Un chirriar metálico ensordecer llevó a varios de los presentes a taparse sus conductos auditivos. Calkias, con las espinas de su cabeza y espalda totalmente erizadas, corrió de nuevo a su silla y con unos gestos sobre los controles del monitor, hizo que el holovisor le mostrase las imágenes de seguridad del pasillo justo tras ellos.

La pared había sido atravesada por la formación cristalina. Los bordes del metal en torno al pilar de cristal negro lucían fundidos, retorciéndose en extrañas formas.

Respecto a aquella masa de cristal, ésta se había abierto en su punta como una suerte de flor, derramando un líquido igualmente negro junto a una figura de forma vagamente definida envuelta en el mismo, en un parto grotesco.

Sólo uno, pensó Calkias, ¿Solo uno por cada una de esas... esporas?

Con un último suspiro, el capitán de la INS Balthago activó su comunicador y lo acercó a sus labios. Antes de poder decir nada, la voz de Astorias Neva resonó, con interferencias.

"¿Capitán Calkias?"

Algo golpeó la puerta de acceso al Puesto de Mando.

En el monitor, la criatura había desaparecido de la última posición en que había sido registrada su presencia.

"¡Primera Oficial Neva!", exclamó Calkias. Rezó mentalmente para que aquella distorsión en las comunicaciones no fuese severa.

Otro golpe en la puerta. Su blindaje demostrando ser inútil, al comenzar a abollarse el metal. Puede oír los chasquidos y el zumbido de los rifles de impacto siendo activados.

"¡Protocolo de anti-abordaje!", exclamó Calkias, "¡Uso de armamento permitido en el interior de la nav..!"

La puerta que separaba al Puente de Mando del pasillo central que servía como unión al resto de la cubierta superior de la Balthago estalló, fruto de un último y fortísimo golpe que la arrancó de cuajo, arrojando enormes piezas de metal blindado dobladas y arrugadas como si fuesen trozos de papel. Fue algo milagroso que nadie del personal presente fuese impactado de lleno.

"¡Mierda!" exclamó Calkias, cortando las comunicaciones con su Primera Oficial al tiempo que se convertía en ser el primero en abrir fuego. Había sido la decisión fruto de las décimas de segundo en que pudo observar la naturaleza del ser que acababa de entrar a la fuerza.

Era una figura humanoide. Con rasgos en su rostro inexpresivo que se asemejaban a como si alguien hubiese tallado en cristal negro una escultura de humanos o atlianos.

El cuerpo no presentaba rasgos definitorios que podrían determinar algún tipo de sexo. No había articulaciones visibles y su masa parecía redistribuirse cada vez que flexionada una de sus extremidades o retorcía su torso.

Calkias abrió fuego. Las mujeres y hombres de distintas especies junto a él siguieron su ejemplo.

Y cuando los disparos alcanzaron a aquella criatura dejando zonas de impacto y trazos de un rojo brillante e incandescente sobre su cuerpo cristalino, Calkias tuvo que reprimir un escalofrío al fijarse de nuevo en su rostro.

Con un sonido de cristal quebradizo, la Esquirla sonreía. En su negrura cristalina, sus dientes de un pálido plateado brillaron como afiladas cuchillas.

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